Política

Año 1

  • Ekos
  • Año 1
  • Javier García Bejos

La jornada electoral del 1° de julio del 2018 se inscribió en la historia por hechos ineludibles: el triunfo de la izquierda por primera vez y la arrolladora mayoría con la que Andrés Manuel López Obrador se convirtió en Presidente de México en su tercer intento. En un momento definitorio, la democracia mexicana, que desde el 2000 había generado transiciones entre partidos, lo hizo de nuevo; el comportamiento de las instituciones fue destacadamente ejemplar.

En esencia, el gobierno de López Obrador inició hace un año porque, en un hecho inédito, los presidentes en funciones y electo, acordaron un inusitado proceso de transición en el que la nueva administración dictaba agenda prácticamente todos los días. Mientas que el gobierno de Peña Nieto no concluía aún, el de López Obrador ya había iniciado y lo hizo con cuidado en las formas para generar certidumbre; una vez iniciada la administración, el país entró en una nueva etapa en donde el presidente ha dictado el ritmo de la agenda pública nacional.

Más allá de controversias u oposiciones, lo cierto es que el lunes la nueva administración cumplirá siete meses de haber entrado en funciones, y un año de haber ganado los comicios del año pasado. Es momento de, por ejemplo, empezar a trazar una hoja de ruta clara y concisa que les diga a los ciudadanos cómo y por dónde se caminará. Asimismo, si bien habrá que esperar para observar los resultados de las políticas públicas de nueva creación, es tiempo también de empezar a generar mejores escenarios de certidumbre para la creación de empleo y atracción de inversiones.

En este sentido, la cumbre de Osaka celebrada en estos días, en donde se reunió el G20, parecía la oportunidad idónea para mandar una señal positiva al exterior y tejer relaciones de confianza y entendimiento con socios clave para nuestra economía. El presidente López Obrador decidió no asistir, generando otra ola de comentarios enfocados sobre cuáles son las prioridades; es cierto que debemos superar los retos locales, pero no se puede aspirar a competir, atraer inversiones y figurar cuando se tiene una visión aislacionista.

Como dice el presidente, a México le urge atacar problemas sociales enraizados que no nos permiten avanzar, tales como la corrupción y la desigualdad. Así como estos temas apremian, también resulta evidente que nuestro país requiere de políticas públicas y estrategias formales, serias y basadas en evidencia, respetando instituciones y fortaleciendo lo bueno que ya existe.

En lo personal, espero que detrás de tanta controversia, discurso y agenda, México pueda encontrar un camino alterno de construcción incluyente y sustentable. Con firmeza, deseo que el país esté bien y le vaya bien, porque aquí vivimos todos; los ciudadanos, desde cualquier trinchera, queremos apostar por el futuro, por lo importante, por nuestros hijos, su bienestar y su tranquilidad.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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