El jueves pasado tuve el honor de participar en la reunión convocada por la Organización de los Estados Americanos en Washington, a fin de lograr la instalación de la Comisión Interamericana de Desarrollo Social (CIDES). Por unanimidad, México fue elegido para encabezar los trabajos de la Comisión, como un reconocimiento a nuestros avances contra la pobreza. Particularmente, la Estrategia Nacional de Inclusión, diseñada por el presidente Peña Nieto e impulsada actualmente por el secretario Luis Miranda, fue reconocida como un elemento que acelera los resultados de las acciones en materia de desarrollo social.
Para México, presidir esta Comisión significa fortalecer el compromiso de nuestro país en foros multilaterales. Como herramientas fundamentales, el diálogo y la cooperación nos permiten encontrar mejores caminos para responder desafíos en la región. En ese sentido, en el hemisferio encontramos puntos de partida comunes: coincidimos en que no hay nada que ponga más en riesgo la estabilidad social que la pobreza. Sabemos también que la falta de oportunidades eventualmente vulnera la libertad de los individuos y lastima su capacidad de decidir. Frecuentemente, quedan expuestos a abusos en lamentables episodios, donde la política social se vuelve moneda de cambio entre vivir o sobrevivir.
Asimismo, no hay duda que la exclusión de grupos vulnerables es particularmente grave en la región; pueblos indígenas, adultos mayores, personas con discapacidad o jóvenes son prioridad en los retos que tiene la política social de cualquier país del continente. Por ello, se reconoció la necesidad de vincular la política social con la inclusión laboral, elemento clave para dar estabilidad al desarrollo equitativo y ordenado, así como formular consensos regionales sobre cómo medir la pobreza extrema para poder erradicarla, como nos hemos propuesto en la Agenda 2030, guía que nos obliga a acelerar nuestros esfuerzos.
Es cada vez más claro que el desarrollo social no tiene banderas ni ideologías. Constituye simple y sencillamente la capacidad de los Estados para garantizar el derecho de vivir con dignidad para las personas. En ese contexto, los pasos de la agenda futura están dominadas por el uso de datos y tecnología que nos permita focalizar mejor los programas sociales. Por lo tanto, el reconocimiento por buena práctica que el CONEVAL entregó a la Sedesol hace unos días, por el Sistema de Información Social Integral (SISI), cobra un significado especial. Este sistema será el motor de una política social más eficaz, eficiente y transparente, y ya desde su construcción, es reconocido como referente internacional por las herramientas que habrá de desplegar.
Durante las últimas sesiones reconocimos también que, ante los recientes eventos meteorológicos y geológicos en la región, debemos constituir protocolos y planes de acción para que el sector social pueda desplegar mecanismos de ayuda solidaria y eficiente. En general, debemos generar conciencia sobre la importancia de tener estrategias que aseguren la resiliencia de comunidades afectadas por huracanes o terremotos; los inesperados golpes no pueden convertirse en posibilidad para lanzar a la pobreza a más ciudadanos de nuestros países.
Al final, con el liderazgo de México, la Comisión será una herramienta fundamental para avanzar en el camino de la prosperidad que nuestro continente debe alcanzar. Existe el ánimo y la voluntad, por eso, comprometimos la capacidad de nuestro país en construir esta agenda y llevar este reto a buen puerto.