Como todo el mundo lo sabe, menos los millennials que andan en el perreo, Raúl Salinas, el hermano incómodo del incómodo Charly Salinas (el legendario Chupacabras, autodenominado “facilitador social”, al que podemos recordar por el horror de diciembre, frases del tipo “ni los veo ni los oigo”—que dicen que nunca dijo pero de que lo ejecutó, lo ejecutó— refiriéndose a los perredistas noventeros, y quien ahora está en la mira del FBI por ser uña y mugre con García Luna Productions, además de imponer la moda de las huelgas de hambre con agua Evian), era conocido como el Villano favorito de México. Digo, antes de que lo rebasaran por la ultraderecha del Padrote Maciel y Kamel Nacif, Raulito era el ajonjolí de todos los complós (remember Colosio), donde pisaba Raulito no crecía la hierba y brotaban negocios dudosos.
O sea, era el Malo de Malolandia original, quien fuera apañado en Suiza por tener más alias que un padrotillo de La Merced. Por eso fue muy conmovedor ver a este hombre en televisión, al que le gustaba todo lo inmoral, ilegal o que engordara, barriendo con lágrimas en los ojos el patio de Almoloyita.
Y uno creía que tamaña imagen no podía ser superada por nadie, ni siquiera por Yadhira Carrillo lamentando el encierro de su probo marido, Juan Collado, rey de las empresas fantasma.
Sin embargo, Chayito Robles nos regaló una imagen que de inmediato te lleva a querer bailar la de “No rompas más, mi pobre corazón”, sobre todo cuando después de explicar que está siendo pura, buena y santa cuenta que con la misma habilidad con la que tejía estafas maestras, ahora teje chambritas en la intimidad de su celda.
¡Qué bonito! Solo por eso hasta los inmigrantes hondureños debería de pasar báscula y juntarle un billete para financiarle su defensa y no ande sufriendo como García Luna Productions, que tiene que vender su cuerpo en el tambo para que lo defiendan. Digo, este muchacho ya debería echar de cabeza a Jelipillo Calderón y a Salinas —que de cualquier manera lo dejarían quitarse de problemas y que lo manden de testigo protegido a vivir en Wisconsin en calidad de Godínez.
Así, estos momentos entrañables solo pueden ser homenajeados a través de la obra del tristemente fallecido Terry Jones —miembro fundamental de los alucinantes Monty Python— al ritmo del clásico “Always look on the brigth side of life”.
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