Cuenta Enrique Gómez en una nota de su periódico El Universal: lunes al mediodía en Huehuetoca. El sol cae a plomo y la Megafarmacia está desolada, con una de sus dos entradas semibloqueada por cascajo de un socavón que se formó desde enero de 2026 y no ha sido reparado. ¿Quién lo recuerda? Gil se acuerda: el expresidente Liópez exaltado dijo una mañana: aquí se encontrarán todas las medicinas del mundo. El problema del desabasto de medicinas ha tocado a su fin. Todos felices, todos contentos. Mju.
Agrega la nota de Gómez: por ahí pasan con dificultad autos compactos y motos de los pobladores aledaños que tienen que utilizar el retorno que está en el bajopuente, enfrente del acceso principal, pero no caben los tráileres que llevan los medicamentos a la bodega, por lo que deben acceder por la entrada norte, que exige una vuelta mayor.
“El silencio que reina dentro de la bodega de 425 mil metros cuadrados, con dos naves industriales en una superficie de 94 mil 127 metros cuadrados, contrasta con el ruido de los motores de tráileres, camiones, autos y motos que pasan constantemente sobre la carretera Jorobas-Tula, que está a un lado”.
“Allá, en la entrada principal donde pueden pasar los tráileres para entrar a la Megafarmacia, literalmente se deslavó la barda junto con el pavimento de la carretera, se deslavó hacia un lado y sólo existe la mitad del pavimento, cerraron con tarimas y todo”.
Qué poca madre
Desde la ventana de una casa se puede ver el Centro Federal de Almacenamiento y Distribución de Insumos para la Salud, mejor conocido como la llamada Megafarmacia, que tenía más “vida” cuando fue bodega de Liverpool, dicen los vecinos del lugar.
Los 50 andenes de carga y descarga del ala oeste, que estaba llena cuando fue bodega de la tienda departamental, ahora están vacíos, sin camiones o trabajadores.
En el estacionamiento del ala este se encontraban 12 camiones de carga, pero ninguno descargando medicamentos, y algunos automóviles de los empleados. En el bajopuente, enfrente de la entrada principal de la bodega, había basura de empaques de medicamentos, incluso con las papeletas de identificación del embarque aún pegadas al plástico, con el nombre del fármaco y su destino (hospital y municipio), nombre y dirección del laboratorio que lo elaboró, lote, caducidad y registro sanitario, dejados y expuestos ahí por los conductores de camiones que transportan los fármacos.
Trabajadores de la Megafarmacia confirmaron que los medicamentos ya no se embodegan ahí para entregar los fármacos no surtidos en todo el país, como prometió Liópez, sino que llegan los medicamentos, se preparan y se mandan los pedidos del IMSS, Issste e IMSS-Bienestar.
“Yo me encargo de seleccionar, checar medicamento, que su fecha de caducidad sea la correcta, que no venga maltratado el medicamento, que no venga mal. Así como llega, literalmente, se prepara y todo, y vuelve a salir el medicamento. En una nave descargan y en otra nave es donde cargan para salir”, explicó una trabajadora de la Megafarmacia.
Mitómano imperdonable
A Gamés no le causa asombro la capacidad de mentira del expresidente Líópez, sencillamente increíble. En un recorrido realizado por El Universal, en negocios locales y el tianguis de la calle Paseo de Albatros, pocos identificaron el nombre de Megafarmacia, y menos su objetivo. “Ahí trabajaba mi hermana, de seguridad. Llegaba muy poco medicamento, fue lo que nos dijo, que llegaba muy poco medicamento, entraba”, contó Lindret Yamile, quien vive en la calle Paseo de Acuario, justo al lado de la barda perimetral.
Ahora mal sin bien: la Megafarmacia no existe, nunca existió, y el expresidente Liópez dice que sí existe, y la Presidenta sostiene igual que existe. ¿Estamos locos? Algo de locura y otro mucho de maldad, de mentira. El desbasto de medicinas persiste, pero Sheinbaum afirma que el desabasto terminó. Gilga no sabe si esto que ha escrito es opinión o información. Da igual, todo sabemos que la Megafarmacia fue una de las muchas mentiras miserables del expresidente Liópez. Y ahora los cretinos que acompañan a la Presidenta afirman que los medios de comunicación mienten. Algo anda muy mal.
Todo es muy raro, caracho, como diría Camus: “El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es”.
Gil s’en va