La Presidenta dijo en un envión: “hasta ahora no se ha encontrado ninguna persona de Pemex que esté involucrada en casos de huachicol (…) esto no quiere decir que no exista, de que se está haciendo la investigación, se está haciendo”. Gamés pensó: de acuerdo, se investiga y ya veremos los resultados. Pero, adivinen qué, la secretaria de Buen Gobierno, Raquel Buenrostro, informó que no existe ninguna investigación abierta contra servidores públicos por huachicol. Así lo leyó Gilga en su periódico MILENIO, en una nota de Rafael Montes. ¿Entonces? ¿Estamos locos?, sí hay o no hay investigaciones a funcionarios de Pemex, que por cierto es quien otorga los permisos de importación. Concluyamos: como puede ser que sí, puede ser que no.
“Lo que hay son denuncias que hace Pemex directamente a la Fiscalía General de la República que son de carácter penal; a nosotros sólo nos mandan cuando quieren que procedamos administrativamente”. Y añadió Raquel Buenrostro: “Cuando tienes una falta administrativa y una penal, muchos optan, optamos por irnos por la penal, porque la sanción es más grave y se actúa de manera enérgica y ejemplar, por eso no llegan muchos de los casos a nosotros, porque los presenta la Dirección Jurídica de Pemex directamente a la fiscalía”.
Ahora mal sin bien, que Gil sepa, no hay investigación penal alguna contra funcionarios de Pemex por huachicol. ¿Tons qué? ¿Hay o no hay? Se hacen unos líos espantosos.
Encuesta Intercensal
Gil leyó “Encuesta Intersensual” y de inmediato se puso a leer, pero no encontró más que datos interesantes sobre el presente de México, nada de intersensual. Helas! Ya bien leído, la Encuesta Intercensal ofrece datos clave de los que da una muestra Graciela Márquez Colín, presidenta del Inegi, en un artículo de su periódico MILENIO.
Gilga se detuvo en un dato revelador: “una de cada cinco personas se consideraron indígenas, 18.5%, y los hablantes de una lengua indígena representaron 5.9% de la población total”. Esta minoría, ni lo dudemos, debe salir de la pobreza, del atraso, no debe ser discriminada, en fon. Ahora mal sin bien: cada vez que se habla de pueblos originarios se incurre en una barbaridad demagógica. Los pueblos originarios han desaparecido y confundido con el México de la desigualdad y la pobreza. Demagogia químicamente pura considerar a esos pueblos perdidos y empobrecidos modelo de vida. Los números son fríos y retratan la realidad; la retórica, como el agua hirviendo, quema en su ebullición de falsedades.
Aigoeii.
Malos chistes en libertad
Sergio López Ayllón ha escrito en páginas contiguas (a Gilga le gusta escribir la palabra contiguo) un artículo interesante. López Ayllón se refiere a un engendro que se llama La Casa de los Mañosos, una parodia política (es un decir) que le va a saltar a usted en redes sociales. Personajes públicos, principalmente de Morena, convertidos en monstruos de caricatura, algunos no lo necesitan, para qué más que la verdad. La parodia de estos políticos es mala y sus chistes chafas, pero a Morena no le gustó y presentó una queja ante el INE. La Unidad Técnica de lo Contencioso Electoral abrió un procedimiento, formuló preguntas a un concesionario y requirió información a Google. Morena pidió suspender su difusión e impedir nuevas transmisiones.
Dice López Ayllón con tino: “la sátira política es un discurso protegido por la libertad de expresión, pues cumple una función democrática. Despoja al poder de solemnidad, expone sus contradicciones y lleva la crítica a públicos amplios”.
Les faltaba el humor, bueno o malo. La orden de censura arrasa con todo. Lee Gil a Pablo Hiriart en La Aurora: “en la cámara de senadores está en proyecto una reforma que, con el pretexto de proteger la propiedad industrial, castigará con de tres a siete años de cárcel a los autores de memes y parodias que molesten al gobierno”.
Pero pensémoslo bien: ¿hay mejores humoristas que algunos conspicuos integrantes de Morena? ¿Hay mejor payaso que Noroña? ¿Rostro más adusto y a la vez risueño que Adán Augusto López? ¿Personaje más hilarante que Mario Delgado? En fon.
Todo es muy raro, caracho, como diría, el doctor Freud: “el humor no es resignado, es rebelde”.
Gil s’en va