Cultura

Elogio de lo invisible

  • Ruta norte
  • Elogio de lo invisible
  • Jaime Muñoz Vargas

Alguna vez dediqué un pequeño libro a la comida lagunera. 

Corrió con buena suerte, tuvo un par de tirajes así fuera de pocos ejemplares cada uno y el volumen anda por allí, seguramente, en algunos entrepaños de la región y quizá también en algunos de otros rumbos. 

Lo que hice en aquellas páginas fue homenajear veinte platillos de la gastronomía local en tanto preparaciones combinadas de ingredientes. 

No recuerdo si dije que la idea nació de la gratitud. 

Sentía tanto agradecimiento a la gordita, a nuestras hamburguesas de carrito o a ciertos tacos del terruño que quise expresarlo de alguna forma, y así lo hice. Tenía de lejos un modelo literario: Neruda y sus Odas elementales. 

De entrada, el título de mi librito incurrió en la misma simetría de dos palabras con aire de oxímoron: Callejero gourmet.

Aquel libro tiene una segunda parte todavía no realizada y tal vez así se quede, como libro que nunca existirá: escribir sobre ciertos ingredientes mágicos, como el maíz, el frijol, el cilantro, el chile, el ajo, el cacahuate, obviamente la sal…, todos sin combinar. 

Este nace del asombro: en su humildad, pues la mayoría son relativamente baratos y abundantes, tienen un sabor tan definido y enriquecedor, tan digno de elogio, que fácilmente admiten unas cuantas “odas elementales”.

Digo lo precedente porque hace poco vi el video en el que Borges, mi querido y a veces maldosamente excesivo Borges, le propina un coscorrón a Neruda en una de las geniales entrevistas que concedió a Antonio Carrizo. De Neruda dice que tiene poemas horribles, como uno que le dedicó a la cebolla. 

Creo que en ese momento pensaba en la “Oda a la cebolla”, que aparece en la primera tanda (de tres que armó) con el mismo título: Odas elementales (Losada, Buenos Aires, 1958).

Pese al dictamen de Borges, a mí me agradan esas “odas”. Entrecomillo el molde poético para destacar la paradoja. ¿Puede algo simple, “elemental”, admitir la composición de una “oda”? 

Lo que el premio Nobel chileno quiso decir con tal unión de palabras es genial: hasta lo simple, hasta lo primario, es asunto del poeta. Nada le es ajeno, ni la cebolla, “redonda rosa de agua”, “Estrella de los pobres” “más hermosa que un ave”. 

Estos piropos a la cebolla de todos los días son merecidos. No veo por qué no escribirlos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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