En Los hundidos y los salvados, Primo Levi recupera la escena de un partido de futbol disputado en Auschwitz entre miembros de las SS y prisioneros de la Escuadra Especial. Alrededor de ellos, otros hombres observan, aplauden y animan. La imagen le sirve para mostrar hasta dónde puede llegar la normalización del horror: incluso junto a los crematorios hay espacio para el entretenimiento.
Es difícil no pensar en esa escena ahora que México organiza el Mundial de 2026. No porque el país se parezca a Auschwitz —comparación imposible e injusta— sino porque también aquí existe el riesgo de que el espectáculo ocupe todo el horizonte mientras permanecen sin respuesta las preguntas de las familias de más de 134 mil personas desaparecidas.
A partir del testimonio Myklós Nyiszli, médico forense húngaro sobreviviente de Auschwitz, Primo Levi reconstruye una relación en la que subyace una de las zonas morales más incómodas que produce el poder absoluto, aquella donde la frontera entre coerción, supervivencia y colaboración deja de ser nítida.
Porque sí: incluso en los escenarios más atroces, como el que narra Levi, existe espacio para la normalidad. Se juega futbol, se aplaude, se apuesta, se conversa. El horror no desaparece: simplemente deja de ocupar el centro de la escena.
El Mundial 2026 no es responsable de las desapariciones, tampoco quienes esperan el inicio de los partidos, pero la fiesta llega a un país donde miles de familias siguen esperando una respuesta que el Estado no ha sido capaz de ofrecer; a un país donde las búsquedas continúan, donde los hallazgos de fosas clandestinas ya rara vez ocupan las primeras planas y donde el dolor compite por unos minutos de atención pública.
¿Qué pasaría si, en lugar de aplaudir, preguntamos dónde están las 134 mil personas?
Al Margen
La diputada Delfina Pozos presentó una iniciativa para tipificar la simulación de delitos y sancionar con dos a seis años de prisión a quien se atribuya falsamente la comisión de un delito o la pertenencia a una organización criminal y provoque la movilización de corporaciones de seguridad o emergencia. Aunque la propuesta argumenta que este tipo de conductas ha aumentado en los últimos años y genera un desvío de recursos públicos, no presenta cifras, diagnósticos ni estadísticas que permitan dimensionar la magnitud del problema que busca atender... un poco más de esfuerzo legislativo no le vendría mal.