César Bono, quien el próximo 11 de octubre cumplirá 22 años de haber estrenado Defendiendo al cavernícola, con el que acumula más de 5 mil representaciones, cuenta que cuando Morris Gilbert le llamó para hacer este monólogo lo primero que vino a su mente fue La isla, otra obra que había hecho años atrás, y en la que había dos personajes.
Pensó entonces: “aquí que es un solo personaje, la dificultad debe ser al doble. La realidad me mostró que un monólogo es mucho, mucho, muchísimo más difícil. No es el doble, sino 100 veces más complicado”.
Esta idea viene a mi mente luego de ver tres monólogos que tienen en común que el dramaturgo, el director y el intérprete es la misma persona, por lo que a la complejidad de actuar, como bien lo dice el gran César Bono, hay que sumarle otras dos tareas, igualmente complejas.
Se trata de Leonardo, La verdura carnívora y Wilma.
Veamos cada uno por separado.
Rodrigo Murray es el artífice de Leonardo un espectáculo que tiene como eje central la vida del genial D’Vinci, pero que se entremezcla con la cotidianidad de Rodrigo (no Murray), un actor con miles de problemas laborales, personales, familiares, vecinales…
Leonardo es, haciendo honor a su inspirador, una puesta en escena genial. Divertida, irreverente, creativa, didáctica, “inmersiva”, inteligente, sorpresiva en la que Rodrigo muestra una vez más sus múltiples talentos, en esta ocasión como dramaturgo y director, amén de su desempeño actoral que le hemos visto muchas veces.
Además del texto y la actuación, esta puesta en escena tiene un agregado sensacional e impactante, que es Leonardo 4, un dispositivo escénico creado por Sebastián (Enrique Carbajal) y que es una especie de gran cubo, que se desdobla y va tomando distintas formas y se vuelve la escenografía, la utilería, la ambientación pues, en la que suceden las acciones.
De verdad un enorme, gran, maravilloso trabajo que se presenta los lunes 11 y 18 de septiembre en el teatro Julio Prieto, antes Xola, y el 17 y 21 de octubre en El lunario (atrás del Auditorio Nacional).
Una segunda maravilla, de verdad estupenda es La verdura carnívora, escrita, dirigida y protagonizada por Abril Mayett, quien a través de la comedia --que es el género que posibilita llegar más a fondo en los problemas, para verlos de manera descarnada y enfrentarlos—habla de temas terribles como pedofilia, violencia de género, feminicidios, corrupción, asesinatos…
La verdolaga, una convicta injustamente acusada de profanación de cadáveres, encabeza una “terapia de grupo” con los espectadores que acuden a escuchar su historia, que inició desde su nacimiento, al ser abandonada por su madre en un “refugio” en el que la madrinita las obliga a prostituirse.
La verdura carnívora se presenta en la sala Xavier Villaurrutia, atrás del Auditorio Nacional, hasta este domingo 10 de septiembre. Confío, espero, estoy seguro que pronto, muy pronto retomará su temporada en otro espacio. La obra lo merece, y el público lo necesita.
En tanto, en el Foro de las Artes, dentro del Centro Nacional de las Artes, termina este domingo su temporada la obra Wilma, de la que Itzhel Razo es autora, directora e intérprete.
Wilma es el nombre de la abuela de esta joven artista, quien hace así un homenaje a su familia, a sus raíces, al entorno en el que creció pero que siempre le fue adverso de alguna manera.
Itzhel nació y creció en Yucatán, rodeada de mayas, a los que su abuela (Wilma) menospreciaba.
Racismo, descubrimiento, fascinación, empatía, rechazo, son algunos de los eslabones de esta cadena que también hilvana teatro, danza, pintura, performance, luminotecnia, didáctica, efectos sonoros…
“Estudié en una escuela bilingüe –recuerda la actriz— pero no porque se hablara inglés y español, como es lógico suponer, sino español y maya”.
Una puesta en escena impactante, llena de momentos plásticos realmente hermosos, y que fascinan al público.
Leonardo y Wilma, dos monólogos que no hay que perderse, y que merecen gran ovación para sus autores, directores e intérpretes.
¡Bravo Rodrigo; Bravo Abril; Bravo Itzhel!