El primer frente de la lucha contra la pandemia global se encuentra en los hospitales públicos, como el de Elmhurst en Queens. Un hospital centenario donde atienden a más de 500 pacientes en condiciones críticas, con un camión frigorífico en sus puertas y donde el jueves murieron 13 personas. Un panorama apocalíptico.
Nueva York es el epicentro de la lucha contra el nuevo coronavirus. Esa ciudad concentra la mitad de los casos en todo Estados Unidos, unos 52 mil, y sus hospitales públicos están desbordados, con necesidades urgentes y con un alcalde, Bill de Blasio, y un gobernador, Mario Cuomo, en disputa diaria con el presidente Donald Trump.
Este sábado, Trump anticipó la posibilidad de declarar una cuarentena forzada en Nueva York, New Jersey y algunas zonas de Connecticut, ante lo cual protestó Cuomo, indignado por la perspectiva de cerrar el libre tránsito en el estado que gobierna.
Trump no solo regatea atención y recursos para esa metrópoli donde han muerto 728 personas en dos meses, sino que también ha propiciado una guerra entre los estados por la compra de insumos médicos —¿les recuerda lo que sucede con Jalisco y Nuevo León?
La semana pasada el gobernador Cuomo le exigió a Trump aplicar la ley de defensa de la producción para exigir a las empresas privadas fabricar los tan necesarios insumos médicos que requieren doctoras, enfermeras, médicos y paramédicos. Esa ley permite incluso llegar a la expropiación.
A mediados de la semana, la Agencia Federal de Emergencias se dijo dispuesta a aplicar esa ley, pero más tarde su titular informó que habían llegado a un acuerdo con la iniciativa privada para una compra urgente de 60 mil pruebas y medio millón de cubrebocas.
Pero, paradojas, quien terminó invocando esa ley, la noche del viernes, fue el mismo Trump al anunciar que las negociaciones con General Motors se estaban demorando demasiado y por eso exigió a la automotriz la fabricación urgente de ventiladores para enfermos de coronavirus, tan solo en Nueva York requieren unos 40 mil.
Tal y como pasó en otras ciudades, en la misma Wuhan, en China, o en Bérgamo, Italia, Nueva York es un caso de estudio para lo que se viene en Ciudad de México, lo mismo que Estados Unidos lo es para el país, pues mientras aquí llevamos 12 muertos, en Estados Unidos han fallecido 2 mil 500, 36 personas en promedio cada día desde que comenzó su crisis, hace dos meses.
También se han visto en polémicas sobre el conteo real del número de muertes e incluso el republicano Mark Pocan reclamó al Centro de Control de Enfermedades por remover el número de pruebas realizadas de su informe diario.
Hacia allá vamos.
Acá también tenemos controversias por el número de pruebas, competencias entre los estados, escasez de equipo médico, falta de capacitación, ignorancia o incumplimiento del llamado a quedarse en casa.
Anoche lo repitió el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell: solo ha habido una reducción aproximada de 30 por ciento en la movilidad, si llegamos a tener demasiados casos ya no vamos a poder parar la epidemia.
Si no nos quedamos en casa, el drama que viven en los hospitales públicos de Nueva York será el que viviremos muy pronto, demasiado pronto.
hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron