Rosa Park tenía 43 años en 1955 cuando se negó a obedecer la instrucción del chofer para sentarse en la parte trasera del autobús destinada a los negros. Con ese gesto inició en Montgomery, Alabama, una revolución civil cuyos efectos duraron décadas, el movimiento por los derechos civiles que llevó a derrotar al racismo en Estados Unidos.
Ese es el poder que tiene una acción ciudadana, el de iniciar cambios sociales profundos, así sea que se trate de un símbolo y que catalice un cambio que ya estaba maduro en la sociedad, que solo requería de un estallido para detonar. Así está ocurriendo con la protesta de las mujeres contra la violencia.
A pesar de las críticas, es imparable la convocatoria a #El9NadieSeMueve y nadie quiere quedar del lado equivocado de la historia, la marea feminista llegó a un punto en que casi ninguna institución quiso quedarse al margen: bancos, gobiernos, partidos, escuelas, empresas y muchas otras organizaciones e instituciones anunciaron su apoyo al paro de mujeres que impulsó el colectivo Las Brujas del Mar para el lunes 9 de marzo.
La politóloga Elisabeth Noelle-Neumann acuñó el término de espiral del silencio para denominar a ese fenómeno en que los votantes ocultan sus preferencias por temor a ser censurados, pero que a la hora de la elección dan un vuelco a las encuestas. La opinión que se percibe como dominante genera un efecto avasallador en donde quien piensa diferente evita expresar sus opiniones para evitar la exclusión. Sin embargo, cuando un cambio está maduro esas transformaciones sociales se manifiestan abruptamente.
Quizá eso esté ocurriendo con el feminismo y nuestra sociedad. Quizá llegamos al punto en que la violencia contra las mujeres se ha vuelto intolerable (al menos en el discurso público reinante), tanto que una denuncia propicia despidos, renuncias o remociones como nunca antes se había visto.
De ser así, bienvenido el cambio de época. Quizá en un futuro cercano el machismo se vuelva tan impresentable como hoy en día lo es fumar en lugares cerrados, usar popotes o bolsas de plástico de un solo uso.
Todos esos cambios costaron y hubo quien intentó frenarlos, pero la fuerza del cambio fue tal que se volvió irreversible. Un video de una tortuga con un popote atravesado cruzó el mundo entero y provocó que la industria del popote quebrara. La prohibición de los plásticos de un solo uso logró frenar una práctica contaminante de décadas y lo mismo sucedió con fumar en lugares cerrados.
Son cambios silenciosos que cuando se dan es porque las sociedades ya están maduras y solo falta un pequeño empujón para conseguirlos. Ojalá lo mismo ocurra con el patriarcado y con el movimiento feminista.
Pasó con el neoliberalismo cuyos años de ideología dominante concluyeron tras medio siglo de haber reinado en el mundo entero. El patriarcado es una estructura social con cientos de años de permanencia, su transformación es mucho más compleja, pero podemos decir que el camino empezó, que así tarde años o décadas, es irreversible. Nunca más será aceptado.
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