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Martes , 19.03.2019 / 11:27 Hoy

Sentido contrario

Soñando con dinosaurios

Héctor Rivera

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El puerto de Chicxulub en el municipio yucateco de Progreso tiene poco más de 6 mil habitantes que se dedican al turismo, el comercio y la pesca. Si se considera que el lugar parece más bien un pueblo fantasma se entiende que la población no tiene en realidad mucho que hacer. Se miran unos a otros con familiaridad y se saludan con cortesía. Lo único que altera de vez en cuando su tranquilidad es la llegada de una especie peculiar de turistas: los científicos que husmean de vez en cuando en las inmediaciones del cráter donde hace unos 65 millones de años habría caído el enorme meteorito que trastornó la vida en el planeta por la gran cantidad de energía que liberó. Los dinosaurios habrían desaparecido desde entonces de la faz de la Tierra.

Los estudiosos que trabajan en el gigantesco cráter esperan encontrar ahí no solo los vestigios que orienten sus investigaciones sobre la desaparición de buena parte de la vida en el planeta, sino también los elementos que les permitan establecer las condiciones en que se dio el renacer de muchas especies. En realidad, chocan unos con otros. Unos creen solamente en sus propias teorías. Otros no creen en nada. Mientras los investigadores dicen y se desdicen, la vida en Chicxulub sigue como si nada en su parsimoniosa serenidad.

Lo único cierto es que los científicos se mueven a ciegas en un desierto pleno de teorías a propósito de la desaparición y reaparición de la vida en el planeta. Buscan y recogen por todas partes patas de avispas que han vagabundeado por el mundo desde hace millones de años, alas de mariposas, fósiles de caracoles y uno que otro vestigio humano. De todo encuentran pero poco sentido tienen sus hallazgos. Son como piezas de un rompecabezas enorme que de pronto parece una cosa, de pronto otra.

Viven de la esperanza. Cuando alguien encuentra algún vestigio significativo del pasado, la comunidad de científicos en el mundo entero lo celebra, comparte sus apreciaciones y discute los detalles. Para esos felices hallazgos los investigadores cuentan a menudo con un aliado muy valioso: el ámbar. Muchos vínculos con el pasado de gran valor han sido encontrados congelados en una gota de ámbar, como la serpiente con unos 100 millones de años de antigüedad hallada en el verano del año pasado en un bosque de China o su contemporánea, una rana encontrada en el Sudeste Asiático.

Pero esa esperanza que los impulsa en su búsqueda va tal vez más allá de la ciencia. Quizá en el fondo lo que los científicos buscan es un romántico reencuentro con el pasado al modo de Parque Jurásico, la saga fílmica de Steven Spielberg. Muchos sueñan con la idea de revivir a los dinosaurios a partir de una gota de sangre atrapada en un trozo de ámbar. Los pajarracos inmensos de largos picos, las mamuts o los peces gigantes están también en sus expectativas. Y es posible que lo consigan.

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