David Wark Griffith es un director maldito en Hollywood pese a sus muchas aportaciones a la expresión fílmica. Sin sus audacias y sin su talento el cine andaría todavía en busca de un lenguaje. Después de cosechar éxitos y reconocimientos, murió prácticamente en soledad, en la miseria y sin empleo, entregado a la bebida. Su pecado mayor fueron sus excesos racistas, asumidos por la industria hollywoodense muchos años después de su muerte. Dejó detrás una obra fílmica monumental con unas 500 películas, entre las que destacan El nacimiento de una nación e Intolerancia. Dejó también una suerte de maldición asociada con el éxito y el poder enorme que la fábrica de cine regala a quienes tienen capacidad de decisión. Dueños de cuerpos y almas, productores y directores disponen de la vida de quienes buscan destacar en la industria que Griffith contribuyó a construir desde sus orígenes.
La soledad de Griffith en sus últimos años parece más dramática en la medida en que tuvo muchas parejas, casi siempre intérpretes de sus películas. La última lo abandonó cuando él cayó en desgracia y se encerró, poco antes de morir, en un cuarto de hotel con un montón de botellas.
El tema de las mujeres parece una obsesión en su cine. En El nacimiento de una nación deja entrever que una de las motivaciones de los esclavos para involucrarse en la Guerra de Secesión era la posibilidad de conseguir una relación erótica con una mujer blanca. Producto de esa mirada es la secuencia en esta cinta de la chica perseguida por un negro con intenciones indeterminadas, que elige el suicidio ante la posibilidad de caer en sus manos.
Al director Nate Parker, afroamericano, se le ocurrió ponerle a su primer largometraje el título de la controvertida cinta de Griffith. Y mientras abordaba el tema de los abusos sexuales en los días de la esclavitud le cayó encima la maldición de Griffith cuando alguien recordó que había sido acusado de violación en sus años universitarios, 17 años atrás. Juzgado en su momento, consiguió que la ley lo considerara inocente. La chica agredida se suicidó finalmente.
En vísperas del estreno de su cinta, una de sus actrices, Gabrielle Union, que interpreta a una mujer violada, hizo público a través de la prensa un texto en el que da cuenta de su propia violación mientras trabajaba en una zapatería, y da a entender después de leer el expediente completo de Parker que el realizador no era inocente del todo. Lo único que pudo hacer el director de la cinta fue pedir perdón por sus actos, pero no ha conseguido apagar el fuego de la polémica.
El asunto parece más complicado si se considera que su película ha obtenido muy buenas críticas en los festivales y era la carta más fuerte de la comunidad afroamericana en la próxima entrega de los premios Oscar, territorio de blancos.
Por el momento, mientras se limpia un poco el aire, todos los involucrados han optado por un elocuente silencio.
*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa