Negocios

La desaceleración del empleo

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Una de las consecuencias más visibles de la desaceleración de las economías latinoamericanas es la lentitud con la que se generan los empleos. Con pronósticos de crecimiento limitados, con economías que están frenando su dinamismo y con inversiones insuficientes, la generación de puestos de trabajo formales se vuelve lenta y pesada, sobre todo si la comparamos con la necesidad de los jóvenes que todos los años se incorporan al mercado laboral, así como de los trabajadores que no tienen empleo o tienen ocupaciones precarias con las cuales no alcanzan a cubrir los costos del día a día.

A grandes rasgos, los países latinoamericanos necesitan generar alrededor de 5 millones de empleos formales por año para atender la demanda de la población joven que se suma al mercado laboral. Y para atender el rezago, la meta es de entre 7 y 8 millones de puestos de trabajo por año, de acuerdo a datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Pero la realidad actual da cuenta de que en 2026 apenas se generarían entre 1.5 y 2 millones de empleos formales netos al año, lo que representa menos de la mitad de la necesidad para atender solamente a los nuevos trabajadores.

El problema es añejo y profundo: nuestras economías no generan suficientes puestos de trabajo formales y ello se nota en que más de la mitad de los trabajadores se encuentra en la informalidad. El caso de México está en la misma sintonía: en la primera mitad del año se crearon 262 mil nuevos empleos formales, en tanto la cifra ideal es de 1.2 millones de puestos por año. Es decir, de mantener el ritmo actual no se llegaría ni a la mitad de lo que demanda el mercado, por lo que una buena parte de los trabajadores se mantendrá en la informalidad laboral.

Más allá de la trampa del crecimiento y de los indicadores que parecen limitados, la mirada en la cantidad y en la calidad de los empleos no es meramente económica sino profundamente social. De los buenos puestos trabajo no solo dependen los ingresos de millones de familias sino la estabilidad, la capacidad de construir en el tiempo, de invertir en la educación y la salud, así como de enfrentar los costos para lograr una buena calidad de vida. Cuando la calidad de los empleos es mala, el resultado se nota en la precariedad, la pobreza, la desigualdad y la imposibilidad de la movilidad social, es decir, de mejorar en las condiciones socioeconómicas. Y si el empleo mejora, seguramente los trabajadores también mejorarán.

Uno de los grandes retos que tenemos en México y en Latinoamérica está en mejorar los empleos, tanto en cantidad como en formalidad y sobre todo en calidad: que el trabajo se convierta en una oportunidad real para salir de la pobreza, para mejorar la calidad de vida y para generar desarrollo humano. Si algo debería preocuparnos y ocuparnos en economía es la calidad del trabajo porque su impacto es fundamental para mejorar la situación de la gente.


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Héctor Farina Ojeda
  • Héctor Farina Ojeda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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