Negocios

Entre precios altos y crecimientos escasos

La guerra en Oriente Medio llega a América Latina en una forma indirecta pero certera: los precios suben, la logística se encarece y la incertidumbre sobre cómo evolucionará el conflicto deja en entredicho los pronósticos de crecimiento, las inversiones y los proyectos. El cierre del Estrecho de Ormuz, debido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, no sólo representa un encareciendo en el costo del petróleo sino que una suba silenciosa y permanente de todos los productos y servicios afectados por el costo de las gasolinas. Y eso lo podemos ver en las cifras de inflación latinoamericana, al alza en las últimas semanas.

Pero la presión de los precios contrasta con la desaceleración de las economías: mientras la inflación es casa vez más alta en la región latinoamericana, al mismo tiempo los pronósticos de crecimiento se encuentran en fase de desaceleración. Como referencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la inflación promedio latinoamericana superará la barrera del 3 por ciento, en tanto las perspectivas de crecimiento son de 2.3 por ciento para 2026. Es decir, el encarecimiento del costo de vida para las personas es superior a la generación de riqueza de los países.

La trampa en la que se encuentran las economías latinoamericanas no es sólo la del escaso crecimiento económico sino la de los precios que suben muy por encima de la capacidad real de generar riqueza. Y a eso hay que añadirle un escenario con más de 162 millones de personas que viven en condiciones de pobreza en la región más desigual del mundo: cuando los precios suben, los más afectados son los que menos recursos poseen. Con economías en desaceleración que no generarán suficiente cantidad de empleos ni muchos menos se logrará una distribución de los ingresos que alcance a los sectores más vulnerables, el encarecimiento del costo que vida que se está produciendo resulta impagable para millones de familias.

En este escenario, la situación mexicana es similar: los pronósticos de crecimiento para 2026 oscilan entre el 1 por ciento y el 1.8 por ciento, mientras que la inflación fue de 4.53 por ciento en la primera quincena del mes de abril. Y aunque hay mucha incertidumbres sobre cómo se comportarán las cifras para el resto del año, lo cierto es que nuevamente se apunta a que el crecimiento será inferior a la suba de los precios. Esto nos habla de que el riesgo es que la suba de los precios golpee especialmente a los sectores más frágiles, los que viven en la pobreza y tienen limitaciones para mejorar sus ingresos.

El gran problema no está en la coyuntura de los precios altos por los efectos de la guerra sino en la incapacidad estructural de lograr crecimientos económicos importantes y de calidad que se traduzcan en mejoras sustantivas y sustentables para la gente: empleos bien remunerados, mejor distribución de ingresos, disminución de la pobreza y la desigualdad. Es la economía nuestra la que hay que reinventar porque, a fin de cuentas, es lo que realmente nos toca.


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Héctor Farina Ojeda
  • Héctor Farina Ojeda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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