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Los precios que aprietan

Las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Medio se han trasladado visiblemente a la inflación en América Latina: pese a la distancia que nos separa del conflicto en Irán, desatado tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel, el cierre del Estrecho de Ormuz ha generado un aumento de los precios de la gasolina, con sus lógicos efectos escalonados. Luego de que la pandemia de Covid 19 dejara niveles de inflación altos que apenas estaban volviendo a la normalidad, la guerra ha vuelto a encarecer costos y disparar indicadores en la mayoría de los países latinoamericanos.

A sabiendas de que Venezuela ya tenía la inflación más alta del mundo y que Argentina se mantiene en el top 5 inflacionario, ahora la preocupación se centra en el aumento de los precios en países como Brasil, México, Chile, Perú, Colombia y la mayoría de los países de la región. No sólo se trata del precio de la gasolina sino también de los productos y servicios que se ven directamente afectados por el encarecimiento de la logística sino también de los fertilizantes, altamente demandados en una región que es agrícola por excelencia.

El gran problema que se da con la suba de los precios es que se produce en un momento de recuperación luego de la crisis provocada por la pandemia y que golpea a millones de personas que no cuentan con las condiciones económicas para enfrentar el encarecimiento del costo de vida. De acuerdo a los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la región hay 162 millones de personas que viven en situación de pobreza, en tanto 62 millones viven en pobreza extrema, es decir, que no pueden ni siquiera satisfacer las necesidades más básicas como la alimentación.

La suba de los precios ya supera los niveles considerados como “ideales” y además se produce en un momento en el que las economías se están frenando y están moderando la generación de riqueza y empleos. De acuerdo al Banco Mundial, el crecimiento latinoamericano promedio será de 2.1 por ciento en 2026, en tanto que el Fondo Monetario Internacional tiene un pronóstico un poco más optimista con el 2.3 por ciento. De todos modos, estas cifras representan un estancamiento con relación a los últimos cuatro años y no mejoran la situación de “década perdida” que se dio entre 2015 y 2024 cuando el repunte promedio fue de apenas 0.9 por ciento.

Con precios altos, economías que se desaceleran, insuficientes empleos y grandes necesidades sociales, la gran pregunta es cómo harán los gobiernos no solamente para evitar que se profundicen los efectos negativos en los sectores más vulnerables sino para revitalizar los motores y recuperar una senda de crecimientos más importantes y de mayor calidad. Hay una deuda grande con la planificación hacia el futuro, al mismo tiempo que hay una vieja tradición de reaccionar en busca de parches para urgencias. Si hay algo que deberíamos aprender es que es urgente preocuparnos por los precios pero lo importante es recuperar el poder adquisitivo de las personas.


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Héctor Farina Ojeda
  • Héctor Farina Ojeda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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