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Sábado , 16.02.2019 / 02:04 Hoy

Economía empática

Blindajes superficiales

Héctor Farina Ojeda

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La receta clásica nos dice que la estabilidad macroeconómica es muy importante. Y, en efecto, lo es. Pero no al punto de pensar que con buenos indicadores ya tenemos una buena situación económica, sobre todo cuando nos encontramos en uno de los escenarios de mayor desigualdad, en donde la bonanza nunca es para todos y tanto el crecimiento como las buenas oportunidades son para pocos. De ahí a que las buenas noticias siempre sean demasiado relativas, como la que nos dieron hace unos días sobre la solidez de la economía mexicana a partir del incremento en la línea de crédito por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El organismo internacional sostiene que las políticas macroeconómicas de México son sólidas, por lo que subió su línea de crédito flexible de 67 mil millones a 88 mil millones de dólares. Y entre estos recursos disponibles y las reservas monetarias, se tiene un “blindaje” ante eventuales amenazas externas. Pero una ampliación de la línea de crédito por parte de un organismo que vive de hacer préstamos y “recomendaciones” no debería tomarse como signo de fortaleza en un contexto en el que la precariedad no puede ocultarse detrás de grandes indicadores, en tanto el blindaje no alcanza a la mayoría de las personas.

La historia de los préstamos externos, de los flujos de riqueza y de los ingresos millonarios no ha logrado coincidir con un crecimiento equitativo. Es decir, pareciera que los grandes números, el financiamiento y la riqueza potencial del país están divorciados de la realidad de la mayoría de las personas, lo cual se nota en los imperios corporativos y las fortunas de unos pocos, por un lado, y los porcentajes de pobreza y de atraso que se mantienen incólumes pese a todos los anuncios, por el otro lado. Más que proteger la economía, lo que se hace es blindar grandes indicadores con la esperanza de que esto signifique -aunque sea por una vez- una mejoría para todos. Pero dicha idea es casi tan utópica como esperar que llegue Godot a resolver nuestros problemas.

Una verdadera protección pasa por el fortalecimiento de la economía de las personas, de su capacidad de producir y vivir con dignidad. No se puede hablar de fortaleza ni de blindaje cuando cerca de la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza, en medio de precariedades laborales y de ingresos insuficientes. Al contrario, lo que deberíamos hacer es blindar a quienes lo necesitan por medio de un incremento del poder adquisitivo de los segmentos empobrecidos, para lo cual necesitamos más empleos, mejores salarios y mejor preparación para emprender e innovar.

Si miramos a las economías más sólidas del mundo, seguramente encontraremos que el blindaje no está en las líneas de crédito ni en los indicadores macroeconómicos, sino en la pequeña economía, en la capacidad de la gente, en la producción, la creatividad y el emprendimiento. Si recuperamos el poder adquisitivo e invertimos en la gente, tendremos un blindaje verdadero y no uno superficial.

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