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Viernes , 19.04.2019 / 14:20 Hoy

Psi y que

El cuento del “buen” profesor

Héctor Cerezo Huerta

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La pregunta que parece importar en los espacios universitarios es ¿Cuáles deben ser las competencias de desempeño docente? Sin embargo, los administradores y burócratas educativos no comprenden que el problema del constructo de competencias es precisamente, su limitación a los simples "desempeños" y por ello, jamás abordan las verdaderas disonancias contextuales de la profesión docente. Así, por un lado, el profesor navega en un circo de seis pistas, a saber; 1) Credencialismos y acreditaciones desbordadas, 2) La asunción de la universidad como un simple modelo de negocios, 3) Una concepción marketera de los procesos enseñanza-aprendizaje, 4) El egreso de tecnócratas "no ciudadanos- que se ofertan al mercado como simples productos de prestigio social, 5) La aplicación a gran escala de exámenes que dicen lo que ya sabemos y que solo contribuyen a la denostación de los actores educativos y 6) La gestión de modelos policiaco-educativos que vigilan y castigan y que no se interesan por mejorar las buenas prácticas o la docencia eficaz.

En mi opinión, el último aspecto de esta lista me parece preocupante, ya que se corre el riesgo de legitimar prácticas que tenemos los profesores, sin haberlas confrontado con marcos teóricos en las cuales dichas prácticas verdaderamente puedan encontrar sentido pedagógico. El hecho de que los alumnos digan que tienen un "buen" profesor, no quiere decir que en realidad su práctica pedagógica sea productiva, generadora de aprendizajes genuinos, ni movilizadoras de desarrollo cognitivo. Así, cuando les pregunto a mis alumnos ¿qué es un buen docente? Sus respuestas me dejan paralizado, pues argumentan que "un buen docente es el que llega y expone la clase" ¡Qué cómodo que el otro llegue y solo se limite a repetir un monólogo desgastado! "un buen docente es el que responde todas las preguntas" ¡Perfecto, ya no es importante la generación de conflictos cognitivos! "un buen docente es el que nos pone a jugar y nos divierte" ¡Vaya, ahora ya no somos educadores, sino payasos didácticos o standuperos del aula!

¿Curioso? La idea de un "buen profesor" (Hativa, 2000 y Bain, 2004) nunca se relaciona con las condiciones institucionales que determinan la docencia, tales como el clima y la cultura organizacional, el tipo de universidad; pública o privada, la ideología institucional, el tipo de contrato, sueldo y prestaciones otorgadas, la permanencia y seguridad del puesto, la gestión académica, el hacinamiento, el grado de autonomía, el tipo de liderazgo directivo, la sobrecarga laboral y el nivel de estrés (Hargreaves, 1999). Para variar, aunque la evaluación que hacen los estudiantes de los profesores sigue siendo considerada como un indicador de la efectividad de la enseñanza, en realidad parece no ser así. Una reciente meta-análisis de 97 estudios llevada a cabo por Uttl, White y Wong (2017) sugiere que no existe tal correlación y esto debe preocuparnos porque las autoridades educativas suponen que las innovaciones pedagógicas, se reducen a cambios cosméticos y no en modificaciones reales al pensamiento y prácticas de académicos y estudiantes.

@HectorCerezoH

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