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Doble mirada

Popularidad y posverdad contra Inegi

Guillermo Valdés Castellanos

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Parece que la elevada popularidad de AMLO ha dejado de ser un dato más para el análisis del gobierno y se ha convertido en una especie de verdad escrita sobre piedra, inamovible (en todo caso cambiable, pero solo para arriba) que fundamenta y confirma un par de fenómenos: primero, la certeza sobre el rumbo correcto del país (no podemos ir mal si tanta gente cree que el gobierno está haciendo bien su labor); y segundo, la popularidad se convierte, por arte de magia, en infalibilidad de las acciones presidenciales: todo lo que hace y dice está bien hecho y dicho. Y se lo creen. Los críticos son descalificados por su perversa condición de conservadores y fifís. Sus opiniones y argumentos no importan. El estado de ánimo de AMLO y sus seguidores es de arrogancia; parecen estar perdiendo el piso. ¿Cómo explicar que haya enviado al Senado las mismas propuestas de candidatos a la CRE?

Sin embargo, esta percepción es producto de una narrativa que se alimenta de sí misma y nada más. Esa narrativa sería así: como los actores políticos tienen una legitimidad cercana a cero y la credibilidad de AMLO es elevada, creo que todo lo que hace está bien; si me preguntan si apruebo su labor, contesto que sí y como mucha gente piensa lo mismo, la creencia colectiva reafirma mi percepción individual de que todo lo realizado por el Presidente es bueno. Se genera un círculo virtuoso. Normalmente la realidad, la cruda realidad, es la que tiene el poder de romperlo. Cuando los hechos contradicen los dichos del poderoso, la credibilidad y la aprobación pueden comenzar a resquebrajarse.

La encuesta GEA-ISA tiene al respecto algunas preguntas reveladoras. Se sabe que las medidas más impopulares de Andrés Manuel López Obrador han sido cancelar las estancias infantiles y eliminar el apoyo a los centros de atención a mujeres víctimas de la violencia (desaprobación de 79 y 83%, respectivamente), pero hicimos una pregunta más amplia, ya que también se han quitado o reducido apoyos a otros programas como Prospera y el Seguro Popular, lo que puede estar afectando a millones de personas: ¿usted o su familia se han visto perjudicados con la disminución o pérdida de beneficios en alguno de los programas de apoyos otorgados por anteriores gobiernos? La respuesta sorprende: 25% de los ciudadanos dijo haber sido afectado por las disposiciones de AMLO; uno de cada cuatro. Lejos de la mayoría, pero el dato no es menor. Debiera ser una señal de alerta, cuando menos para no caer en la arrogancia.

No todo va bien y la realidad pronto comenzará a desmentir los dichos presidenciales. En especial en materia económica y de seguridad. La desaceleración de la economía se hace cada vez más evidente y pronunciada (hasta la SHCP lo acaba de reconocer) y la tasa de crecimiento de los homicidios confirma que el gabinete de seguridad no da pie con bola frente a una delincuencia desbordada. De seguir así, en tres años de AMLO habrá los mismos asesinatos que en todo el sexenio de Calderón.

Sin embargo, la que se antoja una distancia creciente entre dichos presidenciales y datos duros del Inegi no necesariamente se traducirá en desaprobación de la gestión de AMLO. Habrá dos antídotos: la política social y la posverdad de las mañaneras. Ya comenzamos. Hacienda pronostica que este año la economía crecerá 1.6% y el Presidente dice que no, que lo hará 2%. Hagan sus apuestas.

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