El Foro Guadalajarense se ha caracterizado por arropar y aportar a grandes abogados al mundo: Antonio López Portillo y Francisco Xavier Gamboa se cuentan entre los mejores de la época colonial. Gamboa puso en alto el nombre de México al ser consejero jurídico en la Corte del Rey de España. Su estudio integral de la normatividad minera lo sitúa como precursor de la Sociología del Derecho. Otro hijo del colegio jesuita, Francisco Antonio de Velasco y de la Vara, el segundo maestro de leyes en la historia de la Universidad de Guadalajara también brilló en el Foro y en las cortes españolas.
Después de la independencia la pléyade de abogados jaliscienses continuó: Crispiniano del Castillo, maestro de maestros; Mariano Otero. Presidentes de la Suprema Corte: Pedro Vélez (jalisciense ilustre nacido en Zacatecas que llegó a ser presidente de México), Ignacio L. Vallarta, Francisco H. Ruiz, principal redactor del Código Civil Federal de 1928 que sigue vigente). Los presidentes de los tres constituyentes federales (más Otero que fue el padre del Acta de reformas que marcó el retorno al federalismo): José de Jesús Huerta (1824), su discípulo (aunque médico) Valentín Gómez Farías (1857) y Luis Manuel Rojas Arriola (1917). Mariano Coronado (gran constitucionalista) y ya más recientemente, los grandes maestros, Constancio Hernández y León Aceves.
Este gran Foro tapatío debe estar de fiesta porque se celebran 300 años de la primera asociación de abogados (“concordia” la denominación de Colegio solo se le concedió en la colonia al todavía existente Ilustre Colegio de Abogados de México de 1759 privilegiado mediante Cédula Real) que, a instancias del abogado y gran historiador Don Matías de la Mota Padilla tomaron como patrona a la Virgen de Loreto y bajo la protección de la Audiencia de Guadalajara. 10 abogados fundaron esta concordia y juraron ante su patrona en la misa del día de la natividad de la Virgen, el 8 de septiembre de 1720.
Cada 8 de septiembre se celebraba con iluminación y salvas por la ciudad culminando con la misa en la capilla de Loreto anexa al Templo de Santo Tomás (hoy Biblioteca Iberoamericana). En la segunda década del siglo XX a la piqueta anticlerical de los constitucionalistas le pareció adecuado derribar la capilla (donde estaban las criptas de los abogados que habían deseado ser enterrados en el santuario de su patrona) para prolongar la calle de Galeana hasta su cruce con la hoy avenida Juárez. Otro de los tesoros cercenados a nuestra ciudad.
Esta concordia, iniciativa impulsada por profesionales cercanos a la comunidad jesuita se integró, entre otros, con Matías de la Mota Padilla (primer exponente del temperamento e ideal criollo de orgullo nacional y regional), Feliciano Pimentel, Rector del Colegio de la Compañía de Jesús y Antonio Rondero, prefecto de la capilla de Nuestra Señora de Loreto. La concordia se conformó ante notario el 24 de julio del propio 1720.
Buscaba la mejora profesional y coadyuvar con la Audiencia al decoro de la práctica foral. Hoy a 300 años de esa fundación, es momento de redoblar el orgullo de la comunidad jurídica de Jalisco para retomar la vanguardia en la solidez de las instituciones jurídicas y la lucha por consolidar un Estado de derecho en el que se pueda dar el desarrollo con equidad