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Entre pares

Resbalones: Brozo, Dresser, Canún y Tatiana

Guillermo Colín

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Las que para algunos actores políticos han probado ser “benditas” redes sociales, para otros han sido pesadillas que los han dejado mal parados ante la opinión pública. Caso prototípico es el personaje televisivo de sátira política llamado el payaso Brozo, personificado por Víctor Trujillo, quien de unos meses a la fecha venía mostrando tonos de animadversión creciente a AMLO. Hace unos días desbocó una violenta diatriba por un asunto menor prendido de supuestos, discutibles e incomprobables.

El punto de partida para el exabrupto del payaso, procaz e irrespetuoso, lo constituyó una aparición que hizo en la conferencia mañanera de AMLO, el periodista peruano Ricardo Belmont, con 45 años ejerciendo el periodismo, alcalde de Lima por dos ocasiones y candidato a la presidencia en una contienda electoral que perdió ante Fujimori.

A Belmont en la mañanera –previa anuencia solicitada a AMLO–, de manera espontánea le cedió su turno un asiduo periodista (famoso a su vez como Lord Molécula) que había sido escogido por AMLO para formularle preguntas. Lo movía al mexicano una simpatía ocasional con el peruano por una vicisitud de extravío de celular que había sufrido Belmont minutos antes en el trayecto a Palacio Nacional.

Plagado de expresiones mal sonantes e impropias (“AMLO caga y sangra, no es un Dios”), Brozo, invocando una irrestricta libertad de expresión, no dejó títere con cabeza al estilo de las estridentes conductoras Laura Bozzo y Cristina Saralegui, hasta con tintes que muchos apreciaron xenófobos (los verdaderamente extranjeros son los europeos, no los latinos).

Brozo acusó una supuesta “producción” de sainete preparada por Comunicación Social de la Presidencia para hacer de Belmont una figura que ciertamente a su turno hizo una relativa apología de AMLO, pero de la que no se puede decir que haya provenido de un “lame huevos” y sí de un sazonado periodista que encontró en la ocasión una manera espontánea de expresar con sobriedad y elocuencia sus respetos a la trayectoria e ideario de AMLO como gobernante latinoamericano con popularidad continental emergente, lo que en efecto es.

La especie difundida por Brozo de un tinglado a trasmano para quemar incienso a AMLO no se sostiene y sí peca de especulación sobrada. Por la mañanera han desfilado sirios y troyanos sin restricciones ni avisos previos. Y para que la participación de Belmont hubiera sido un teatrito armado (negado por el propio AMLO) debieron ocurrir demasiadas coincidencias. Todo devino en un episodio rabioso, delirante, del que luego Brozo se justificaría victimizándose de manera aún más deplorable, patética, con lo que añadió más clavos a lo que muchos consideraron su ataúd mediático.

Para mala suerte del payaso, una famosa periodista a la que relacionan sentimentalmente con él cometió una pifia difícil de entender: confundir a una estrella cinematográfica como Richard Gere con Ruiz Esparza, un ex funcionario peñanietista tildado de corrupto. A partir de una fotografía del actor (de visita en México) con AMLO, Denise Dresser furibunda criticó al Presidente por mostrarse con el desacreditado Ruiz Esparza en lugar de procesarlo. La supuesta denuncia de la Dresser se tornó un boomerang de proporciones descomunales del que luego tuvo que ofrecer disculpas, pero el daño ya estaba hecho. Había usado su confusión para arrojar críticas estruendosas, a la postre infundadas, al Presidente.

Otro que también perdió pisada si bien por desplante a sí mismo fue el carismático Nino Canún, quien en una explosiva emisión se quejó de una censura (“blockout”) en redes sociales (fenómeno al que habrá que volver, pues es todo un tema aparte). Lo hizo profiriendo procacidades en vivo (de las que luego se disculpó visiblemente descompuesto). Mostró una inmadurez y un desbordamiento pocas veces visto en un comunicador experimentado. Su quiebre emocional fue de dar pena ajena.

Vulnerabilidad mediática de la que tampoco escapan personajes icónicos de la 4T como el proverbial congresista de la Comisión de Cultura y sus vaquitas “amarillas” (sic). La diputada federal Tatiana que ha acrecentado popularidad y seguidores, llegó a primeras planas nacionales y de ahí a las redes (donde ya había estado un video en primera instancia, pero ahora con una relectura adversa) por un pequeño, pero significativo desplante de quien fuera personaje básico en el triunfo electoral de la 4T.

Durante un receso en el Congreso, un periodista pidió su opinión sobre economía y desempleo. Palabras más, palabras menos usó una ripostada ante una pregunta que tal vez consideró impertinente: si usted tiene trabajo no me venga a preguntar de desempleo. Quizá la desencajó que el reportero usó en su pregunta una expresión poco comedida: que si el Presidente estaba “en la luna”. Pero ante ello, Tatiana pudo calibrar mejor la circunstancia y no subirse al ring con un desconocido. Las redes se lo criticaron.

gcolin@mail.com

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