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Viernes , 19.04.2019 / 02:14 Hoy

Entre pares

Pagos obscenos a comunicadores

Guillermo Colín

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En la medida que el régimen lopezobradorista avanza en la batalla contra “la corrupción en México”, ésta va adquiriendo señales corpóreas de identidad con nombres, montos y apellidos insospechados, si bien faltan consignaciones.

Es cada vez más notorio que si la República está anémica, exangüe en sus finanzas mucho tiene que ver con los escandalosos fraudes y hurtos a la nación que se han venido dando a conocer por el régimen de la 4T casi a diario por racimos en todos los órdenes de la vida pública del país y en montos inimaginables.

Estas montañas de dinero hurtado, robado a la luz del día, derrochado, regalado sin fundamento legal alguno, sumadas en forma conservadora podrían constituir hasta punto y medio del PIB o más. Y eso sin contar los sobornos de miles de millones de dólares que según declaraciones judiciales en tribunales de EU, se sabe ahora que pagaba el narcotráfico a Enrique Peña Nieto, a la cabeza del mismito Poder Ejecutivo, en donde prácticamente no había una sola cabeza directiva que no estuviera inmiscuido en un circuito infernal de corrupción de altos vuelos como las llamadas “Estafa Maestra”, “La Operación Zafiro”, la “Operación con Obedrecht”, por citar a guisa de ejemplos solo tres de entre muchísimos esquemas de presunto robo y cohecho a la Nación.

Una de las más recientes revelaciones sobre la que ha caído un manto desvergonzado de silencio fue la hecha por la vocería de la Presidencia respecto a más de una docena de comunicadores paleros, quienes presumiblemente desde hace sexenios (pero por lo pronto documentado en algunos casos desde 2012) habrían venido recibiendo cantidades exorbitantes cifradas en millones de dólares (¡10 millones 637 mil dólares! tan solo presuntamente a López-Dóriga) por concepto de supuestos servicios de publicidad prestados a dependencias del gobierno federal como Pemex, CFE, IMSS, etcétera.

Aparte habría que añadir que, como es de dominio público, los comunicadores que así desfalcaban el erario federal presuntamente pasaban también a los estados a recoger cheques firmados por los gobernadores y por los diputados de los congresos locales que también se abrían para ellos. Municipios de las principales capitales del país, igualmente expiden cheques gratuitos a los comunicadores truhanes solo para prevenir que no se hablara mal de la clase política a la que pertenecían la que, así, adquiría un seguro contra revelaciones mediáticas que pudieran perjudicar sus carreras.

Por esas ventanillas desfilaba una miríada de comunicadores deshonestos que no es exageración llamarlos traidores a la Patria. Estos comunicadores mercenarios cobraban, a cambio de hablar bien del gobierno y de sus funcionarios, jugosísimos cheques en las cajas de una variedad de instancias públicas bajo el pretexto que cobraban servicios de publicidad brindados al gobierno en turno.

En realidad los supuestos “servicios de publicidad” eran inexistentes y se trataba más bien de mal disfrazados sobornos (denominados en el habla coloquial como chayotes) de las autoridades para que los comunicadores hablaran según se les indicara.

Un alto porcentaje de estos cobros, aún por precisarse cabalmente, tan solo en el sexenio de EPN agotó más del 50 por ciento del presupuesto de comunicación social asignado a la Presidencia. Fondos pagados a comunicadores extorsionadores, lo que hacía las veces de un doble pago “publicitario”. Por un lado se pagaba al medio impresora, radiodifusora o televisora de que se tratara y por otra a determinados editorialistas, columnistas, conductores, locutores, etcétera.

Se daba así el fenómeno que los medios propiamente dichos cobraban al gobierno por publicidad transmitida, y los comunicadores o conductores de sus programas hacían otro tanto, pero ahora por sí mismos, un pago duplicado que hacía aún más intangibles sus servicios.

No hay palabras para describir el daño moral causado a la sociedad que debe agregarse al impacto económico. Dado lo pernicioso del método y a que éste permaneció vigente por décadas, la opinión pública nacional se formaba en mucho por los mensajes plagados de prejuicio y falsedad. El país se orientaba por los sesgos informativos y las orientaciones ideológicas de estos comunicadores perversos que cobraban al erario por la inmoralidad que hacían.

Vendidos, vende patrias, son algunos de los epítetos que ahora sus auditorios y los usuarios en redes sociales les lanzan a la cara a personajes como Ciro Gómez Leyva (quien apenas hace poco cuestionaba al presidente AMLO que le dijera “un solo caso” de corrupción de su antecesor EPN), Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola, Denise Maerker, Ricardo Alemán (quien incluso llegó a sugerir el asesinato de AMLO), Adela Micha, Óscar Mario Beteta, José Cárdenas, Eduardo Ruiz Healy, Jorge Fernández y muchos otros que por lo pronto dejarán de cobrar los millonarios chayotes en dólares a los que estaban acostumbrados.

gcolin@mail.com

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