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Miércoles , 24.04.2019 / 13:30 Hoy

Entre pares

¿Después del rescate cementero, un ‘Fobaproa mediático’?

Guillermo Colín

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Hace pocas semanas pasó y sigue desapercibido entre la opinión pública y el círculo mediático, el esbozo que el Presidente hizo de una suerte de Fobaproa para rescatar de la quiebra a algunos medios de comunicación, cuyos modelos de negocios pasan en la actualidad por penurias económicas.

Es una ruta que el gobierno mexicano antaño ya ha seguido en lo oscurito. Aún con su máxima publicidad, a décadas de instituido, el Fobaproa bancario todavía despierta innumerables dudas, sospechas e interrogantes en relación a qué todo tipo de créditos se incluyó en su panza.

Y más recientemente, según el internacionalista Jalife-Rahme, se sabe que vía el desprestigiado Enrique Krauze –como presunto mediador–, durante el sexenio de Calderón se operó con fondos públicos un rescate monumental a favor de Cemex que ha sido aparentemente silenciado, y cuyo monto y modalidades se desconocen bien a bien, salvo que fue cuantioso y no parece que la cementera regiomontana vaya a devolverlo algún día. Para los regiomontanos tan afectos a presumir la falacia de que Monterrey solito mantiene al resto del país, este rescate multimillonario gratuito o así parece les resulta imposible de digerir. En la especie jalifiana, la federación (FCH para fines prácticos), a título gratuito, habría salvado de la quiebra a la cementera norteña con fondos subrepticios.

Hoy muchos medios tradicionales palidecen frente al fenómeno de los medios alternativos surgidos al pairo del internet que amenaza con engullirlos. Sufren en paralelo una erosión de credibilidad acumulada durante la era neoliberal, donde salvo excepciones difíciles de hallar, muchos fueron parte medular que apuntalaba al sistema a cambio de canonjías y pagos de publicidad gubernamental a un sobreprecio.

El modelo está haciendo crisis política y económica, recrudecida por el recorte de fondos gubernamentales que antes eran autorizados para ese efecto. Una contradicción irresoluble si AMLO recorta fondos presupuestales para publicidad gubernamental, pero a la vez instituye cuantiosos rescates líquidos para los medios en dificultades. La justificación del regalo –al filo del precipicio económico– sería según AMLO porque “cumplen una función social” y no pueden desaparecer. Cuestión que haría merecedores de lo mismo a negocios de toda clase, amén de que suscita un sinnúmero de interrogantes.

¿Se deben usar cuantiosos fondos públicos para preservar negocios privados de la naturaleza que sean? ¿Los recursos se otorgarían a fondo perdido? ¿En forma periódica o en una sola exhibición? ¿Hasta qué monto la entrega de dinero? ¿Cómo calcularla? ¿A quiénes? ¿Bajo qué reglas? ¿Para invertir o para gastar al gusto? ¿Cómo se acreditaría “cumplir una función social” para merecer el subsidio?

No es nada fácil responder a estas preguntas, entre otras cosas, porque ciertos medios, sobre todo electrónicos, no están congraciados con una mayoría de sectores sociales. En tiempos de la 4T, algunos analistas dicen que comparten el sambenito de fifís y tienen cuentas sociales pendientes amén de concitar cierta animadversión social, dada la labor más bien desinformativa que, según se dice, algunos llevaron a cabo sobre todo durante la campaña AMLOista. Por ello quizá el debate ha sido puesto en sordina. Ni los medios (tradicionales o alternativos), ni los actores políticos o privados de la hora han retomado el anuncio. Ha caído un pesado silencio sobre el tema probablemente porque se prefiera que el statu quo prosiga como hasta ahora.

En la especie que puso a circular AMLO, el régimen lopezobradorista se echaría a cuestas la tarea de rescatar medios de comunicación con una especie de Fobaproa mediático que trataría de asegurar su existencia mediante inyecciones masivas de capital gubernamental. Resulta difícil dilucidar las modalidades de otorgamiento si se da como fue anunciado. Si este rescate será en beneficio de contadas empresas privadas de comunicación social o si sería generalizado a fondo perdido como el Fobaproa de infausta memoria para rescatar bancos privados y por el cual tan solo por nacer, cada mexicano trae colgada al cuello una deuda millonaria que seguirá pagando durante varias generaciones futuras.

El debate ha hecho aflorar argumentos tales como que si la justificación es que estos entes son negocios privados que cumplen una función social, ¿no habría muchos otros que cabrían en la definición? Y ¿no serían acaso las ONG hoy tan denostadas, mejor merecedoras de subsidio regulado? Pueden venir a colación una multitud de ejemplos. Caso a la vista, el de las estancias infantiles.

El asunto atraviesa un eje crucial de debate sobre la pertinencia de otorgar fondos públicos a negocios privados y bajo qué reglas. Por no decir que la exigencia social sobre el rescate de Cemex durante el gobierno de FCH debe ser insoslayable. Aun no negado, si existió: ¡¿de qué monto fue y bajo qué condiciones?!

gcolin@mail.com

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