Ahora que mi muy querido amigo Nacho Lazalde me invitó a discurrir/disertar sobre el búho de Bilbao Miguel de Unamuno, en la excelente preparatoria de nombre homónimo, recordé el soneto emblemático, logotípico, “Redención”, cuyos versos inaugurales son, sin exageración o hipérbole, una verdadera propedéutica del vivir:
“Dios te conserve fría la cabeza,/caliente el corazón, la mano larga,/corta la lengua, el oído con adarga, y los pies sin premura ni pereza”. La traducción al buen romance sería:
Dios te conserve cabeza sin sobresaltos, ecuánime; caliente el corazón: entusiásmate con lo que haces. La mano larga: sé generoso. El oído con adarga, esto es, el oído con escudo.
Porque recordemos que: “la mirada limpia, limpia lo que mira; los oídos castos castigan lo que oyen”.
Y los pies sin premura ni pereza, es decir, las cosas en palacio caminan despacio o, lo que es lo mismo, hay que avanzar por la senda de la vida humana con pies “sin prisa, pero sin pausa”.
El soneto cumple su travesía y habla, asimismo, del estrago corruptor que significa la tristeza en nuestra existencia.
Y además remata con unos versos que celebran la fe, la pura fe como garante de salvación, en contraste con quienes recomiendan las obras. Y aquí recuerdo a Kierkegaard:
“No por tus obras tus tesoros midas,/sino que el alma de fe pura en pago/se levanta merced a sus caídas”.
La cita es en la Preparatoria Miguel de Unamuno de la ciudad de Torreón, Coahuila, el jueves 24 a la una de la tarde:
¡cáiganle!