La vida útil de Gerty Cori

  • La vida útil de Gerty Cori
  • Editorial Milenio

Cinco matrimonios han ganado el Premio Nobel hasta el momento en que escribo estas páginas. El primero de ellos los emblemáticos Curie. El segundo treinta y dos años después que sus padres fue conquistado por Irene Curie y su esposo Frederic Joliot.

El tercero (en medicina y fisiología) fue obtenido por Gerty Theresa Cori y su esposo Carl Ferdinand Cori, una pareja checa que ganó el galardón en 1947 gracias a su descubrimiento del llamado ciclo de Cori que, en síntesis, puede enunciarse del siguiente modo: el glucógeno hepático se transforma en glucosa sanguínea y ésta a su vez deviene glucógeno muscular. Gerty y Carl fueron una pareja ejemplar que, ante la amenaza naciente del nazismo y apremiados por una endeble situación económica, tuvieron que emigrar a Estados Unidos en 1922.

En ese país Gerty batalló la mar para encontrar trabajo. Le dijeron: “es poco estadounidense que unos esposos trabajen juntos”. Y sin embargo la científica, dueña de un temple de acero y de una bondad superlativos, siguió su fervorosa vocación a pesar de padecer xeroftalmia, esto es, sequedad de la conjuntiva y opacidad de la córnea por falta de ciertas vitaminas en la alimentación. Los hallazgos de los esposos Cori contribuyeron poderosamente a enfrentar con estratagemas disímbolas la diabetes. Por haber compartido el Nobel con Bernardo Houssay la Academia sueca le concedió el cincuenta por ciento del monto económico al matrimonio Cori, pero el médico argentino, primer latinoamericano laureado en Ciencias, en un acto de generosidad extrema, quiso que se repartiera la cantidad total de manera equitativa.

La malhadada sombra de la viudez hermanó trágicamente a los galardonados Carl y Bernardo. Aquejada durante sus últimos diez años por una mieloesclerosis que incluyó una esplenectomía (extirpación del bazo) y el desenlace de la insuficiencia renal, Gerty Cori dijo adiós al mundo el 26 de octubre de 1957. Tenía 61 años. Había entregado con devoción infatigable su vida y su quehacer inmenso a los demás.


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