Hay un párrafo en las Cartas del Caballero de la Tenaza de Quevedo donde llaman la atención dos palabras: pedigón y embestidor. Son palabras con similitud semántica. El párrafo es éste: “Porque me han dejado dormir los embestidores y pedigones, y ofrezco firmemente de no dar, ni prestar, ni prometer”.
El parágrafo lo registra Corominas en su alegato respecto del verbo pedir que, por cierto, viene del latín petere: “dirigirse a un lugar, aspirar a algo”.
El matiz entre pedigón (el que pide con insistencia) y embestidor es que este último “pide prestado o limosna fingiendo grandes empeños o ahogos” (RAE).El arco de la sinonimia de quienes piden es muy amplio: pedigón, pediche (voz frecuente en México y en El Salvador), pidón, pidientero, pordiosero, etc. María Moliner añade que pedir también vale para “necesitar un cosa cierto complemento” e ilustra con este ejemplo: “Esa camisa pide una corbata azul”.
En México, para referirnos a algo que suplicamos que ocurra aunque sea de modo mínimo, solemos decir “de eso pido mi limosna”. Fernando del Paso, en José Trigo, hace alusión al “pidientero ahuizote”: “Y es que Luciano era de por sí humanitario.Debía estar zafado el pidientero ahizote.
Estornudo. Tan fuerte, como si hubiera olido árnica”. Ahuizote o agüizote es “persona que molesta o fatiga continuamente”. Ahuizote es molestoso, plasta, enfadoso. Por cierto, la expresión “pedir árnica” significa “pedir compasión”. A la acción de pedir le llaman pedidura pero nosotros, con más enfática voz, estamos habituados a decir a las peticiones excesivas que se trata de una engorrosa pedidera, palabra que no registran los diccionarios.
Hemos extraído del argot boxístico dos expresiones curiosas: “sin dar ni pedir cuartel”, sin tregua ni reposo y, asimismo, “pedir esquina”, estar abrumado por el castigo o las adversidades. Para culminar esta breve reflexión comparto que en Honduras el jesuita Ramiro Martínez me dijo: “Pedir es fuerza, dar es voluntad”.
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