Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea, considera que este es el momento en el que se necesita multilateralismo y cooperación,
y se precisan relaciones comerciales y ecológicas sólidas con más países...
Gil se estrelló con el magnífico portal español Ethicy con una entrevista a Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea, sobre las crisis internacionales del mundo contemporáneo y la guerra en Ucrania. Lean por piedad:
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La invasión rusa de Ucrania ha sido un momento decisivo en la historia europea. La Unión Europea y sus Estados miembros seguirán apoyando firmemente a Ucrania el tiempo que sea necesario. Putin necesita darse cuenta de que no nos echaremos atrás y de que con nuestro apoyo nunca podrá ganar en Ucrania. Al mismo tiempo, trabajamos ya en el futuro del país. Hemos acordado colaborar en el desarrollo de hidrógeno renovable y biometano. Este acuerdo subraya el fuerte compromiso tanto de Ucrania como de la Unión Europa en dejar atrás los combustibles fósiles, con más urgencia los que llegan de Rusia.
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La guerra también ha provocado un gran impacto a escala mundial. La manera en que Putin utiliza la comida y la energía como arma ha tenido consecuencias más allá de Ucrania y Europa. Hemos sido testigos de problemas de escasez de energía y, sobre todo, insuficiencia de comida en Oriente Medio, el Cuerno de África y Asia Central. En Sudamérica, existe el temor a que los elevados precios de la comida acarreen dificultades. En este contexto, la tentación para muchos países será la de frenar la creación de vínculos más sólidos. Pero este es justamente el momento en el que necesitamos multilateralismo y cooperación. Precisamos relaciones comerciales y ecológicas sólidas con más países. Es la hora del friend-shoring y no del re-shoring.
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Vivimos años de verdadera crisis y seguirá siendo así durante un tiempo —la crisis climática y la de biodiversidad continúan—, pero gracias al Pacto Verde Europeo tenemos una estrategia para abordarla y salir incluso más fortalecido.
El Pacto Verde Europeo ya ha encaminado la economía hacia un futuro de cero emisiones y libre de combustibles. A raíz de la invasión rusa de Ucrania, decidimos rápidamente —y con gran apoyo por parte de los Estados miembros— acelerar nuestra transición energética. La invasión ha dejado claro que —de manera ingenua y errónea— creíamos que podríamos depender de Rusia para el abastecimiento de combustibles fósiles, especialmente gas. Se podría decir que Europa ha aprendido la lección, al depender demasiado de un solo proveedor externo de combustibles fósiles. No volverá a ocurrir. No en cuanto a combustibles fósiles, ya que, de hecho, estamos aumentando la cantidad de energías renovables en la Unión Europea más rápido de lo que podríamos haber imaginado —solo hay que fijarse en el crecimiento de paneles solares—. Y tampoco en cuanto a países terceros, porque estamos buscando activamente diversificar tanto el gas que importamos a corto plazo como las materias primas y el hidrógeno que se necesitará a más largo plazo.
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También estamos impulsando la propia capacidad industrial de Europa y reduciendo nuestra dependencia de las importaciones mediante una economía circular dentro de la Unión Europea. Por tanto, no; no nos echaremos atrás de ningún modo. Nuestros objetivos climáticos no han cambiado y todavía seguimos en el camino para alcanzar la reducción de al menos el 55% de las emisiones para finales de esta década.
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Nuestro modelo aporta claridad tanto a los negocios como a los inversores y el mercado único sigue siendo un destino de inversión especialmente atractivo. Por supuesto, necesitamos asegurarnos de que la industria europea mantiene su competitividad y que evoluciona tan rápido como sea posible a las cero emisiones netas, y por eso la Comisión Europea acaba de presentar el Plan Industrial de Pacto Verde. A fin de cuentas, la competencia entre Europa, Estados Unidos y China puede hacer que nuestra industria destaque, innove y se transforme más rápido. Incluso, podría ser beneficioso en la lucha contra la crisis climática. Pero esta competición debe respetar la igualdad de condiciones.
Cada Estado miembro cuenta con su propia fuerza de seguridad y esta seguirá siendo la realidad. Algunos cooperan de forma bilateral y otros muchos también forman parte de la OTAN. La clave está en cómo trabajar de una manera más unida y cómo —por ejemplo, mediante medidas en materia de transporte— se puede apoyar la disponibilidad militar a un nivel de la Unión Europea.
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Todo es muy raro, caracho, como diría Paul Claudel: “No es el tiempo el que nos falta, somos nosotros quienes le faltamos a él”.