Gil ha visto en la gran pantalla del salón de usos múltiples de su casa, no precisamente austera, el documental Red Privada: Quién mató a Manuel Buendía. La historia es conocida: en el año de 1984, el famoso e influyente periodista mexicano Manuel Buendía fue asesinado afuera de sus oficinas. Gamés recuerda que Buendía era ya, sin lugar a dudas, el hombre más importante de la prensa nacional. El documental se ha estrenado recientemente, dirigido por Manuel Alcalá, los guionistas: Pedro Alcalá López y Andrea Pasch.
Gilga lo leyó en su periódico MILENIO Digital: Manuel Buendía dejó un legado trascendental en el periodismo a través de su columna “Red Privada” que publicaba en el periódico Excélsior. En ese espacio desataba redes de corrupción, criticaba al sistema político mexicano, denunciaba conflictos sociales y revelaba también los zafarranchos en los sótanos de la política.
Ahora mal sin bien: Manuel Buendía representa para Gilga todos los agravantes de la prensa que hoy muchos periodistas deploran: filtraciones, informaciones que vienen de los sótanos pútridos de la policía política, promesas a cambio de datos invaluables para una columna. ¿Quiere usted saber más que nadie? Venga, aquí encontrará un sobre donde se le informa que no escriba más que lo que nosotros digamos, el silencio tiene precio, o al revés, hable como un perico de esto y lo otro.
El mártir
Gil no quiere ni puede contender con la idea de este periodista mártir, pero sí podemos decir en público, como lo hace Iván Restrepo, que una vez Buendía lo invitó, entusiasta, a ver dentro de un falso libro, una gran pistola. Siempre, dicen sus amigos, el periodista Buendía cargaba una pistola al cinto. La gran cosa. Arreglemos todo a balazos. Dirán que así eran los tiempos, sí, también sabemos que en el pasado ocurrieron terribles linchamientos, y no por eso estamos de acuerdo.
Este santo del periodismo libre iba y venía entre las llamas. Del mismo modo es cierto que su asesinato nadie supo esclarecerlo. Gil sigue pensando que si el autor intelectual y el autor de mano purgaron 18 y 25 años de prisión algo tendrán en su haber, sin desacreditar la investigación y la sentencia. Fue Zorrilla y punto com. Zorrilla dice que él es inocente, muy bien, pero las pruebas para incriminarlo son abundantes, no se trata de una madre de la caridad. Hubo, al menos, otros dos implicados que murieron en esos días: el Chocorrol y sabe Dios quién más, es un hecho. ¿De quién es la versión?, de la policía. ¿Entonces ahora le vamos a creer a la policía? Y uno de los autores materiales habla en el documental sin parar, incluso parece simpático, pero se trata de un agente de la temible Dirección Federal de Seguridad. Por cierto, no hay una sola mención a Gutiérrez Barrios.
Mirar el abismo
¿Quiere decir todo esto que el documental no cumple con su cometido de formar un retrato de Buendía y su tiempo? No, en lo absoluto, precisamente gracias al documental podemos ver esa dimensión de Manuel Buendía. Eran los tiempos de la gran crisis económica, de las devaluaciones y los recortes presupuestales, de México al borde del abismo.
En su opacidad, en su oficina a media luz y con música clásica que sonaba para que los espías no supieran de qué se hablaba, el periodismo de Buendía le ponía nombre a su ejercicio. Durante mucho tiempo los intelectuales festejaron sus métodos, tanto, que existía una reunión que se llamaba el Ateneo de Angangueo: escritoras y escritores se reunían a celebrar las columnas de Buendía y a comentar la vida pública mexicana.
Gilga no sabe si hoy en día aquellos miembros de esa famosa cofradía celebrarían que un periodista portara pistola al cinto. O bien: todos se arman y acabamos a balazos ante la amenaza y la discusión. ¿Cómo la ven? Sin albur.
El documental de Buendía es un buen retrato, decía Gamés, de la época y del periodismo en ese tiempo. Los comentaristas dan una versión nada despreciable de los hechos: Iván Restrepo, Sergio Aguayo, Blanche Pietrich, Luis Soto, pero por Dios, Gil oye a Carrillo Olea y se le pone la gallina de carne, o como se diga. Vea el documental y diga usted.
Todo es muy raro, caracho. Como diría Jean Paul Sartre: “Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.
Gil s’en va
Gil Gamés
gil.games@milenio.com