Con la novedad de que la Presidenta culpa a sus críticos de las embestidas del toro Trump. Sheinbaum denunció que hay opositores que han ido a Estados Unidos a denostar al gobierno de México, y a quienes, afirmó, les hubiera gustado que la conversación con Donald Trump hubiera salido mal y que se peleara con él, pero advirtió que se quedarán con las ganas porque “no nos vamos a pelear”.
Gil no comprende, la Presidenta considera que las amenazas de Trump se desprenden de las opiniones de los críticos de su régimen. O sea, o seo, o seu. La vieja trampa de Liópez, los culpables son los opositores y nada más. ¡Diantres!
Las relaciones peligrosas
Luego, con mano suave y para ser oída en voz baja y melodiosa en Estados Unidos, dijo que su gobierno buscará siempre una buena relación con la administración de Donald Trump porque es lo que le conviene al pueblo de México y a la nación. El pueblo y el pueblo y el pueblo.
Y luego duro y dale: “¿Qué pretenden ellos? ¿Qué les gustaría a ellos? La intervención de Estados Unidos en México. Esa es la verdad, porque como no tienen apoyo popular en nuestro país, ya no tienen apoyo popular. Ellos creen que tienen que ir a buscar desde afuera para afectarnos (…). Buscan que de afuera vengan a gobernarnos. Esa es su posición”.
A Gilga le va a dar algo, o ya le dio. ¿Quién, cuándo, cómo, a qué horas ha dicho, o escrito, o soñado que Estados Unidos intervenga en México? Nadie. Mecachis en veinte. ¿Y qué creen? No se la van a acabar: en Palacio Nacional, Sheinbaum afirmó que, en general, en la Unión Americana hay una buena opinión del gobierno de México a pesar de esas campañas que hacen opositores en ese país. Sí, desde luego, que le pregunten a Trump, que lean las noticias de los operativos del ICE, las opiniones de Marco Rubio, secretario de Estado. Como para volverse loco.
Y siguió el discurso: “Y hay que denunciarla también, hay que decir que quieren ir allá a denostar al gobierno de México. ¿Quién va a buscar fuera del país el apoyo que no tiene aquí? Pues solamente, el que no quiere a México, solamente al que no quiere México (…) A ellos les hubiera gustado que esta llamada no hubiera salido bien, pero no, se van a quedar con las ganas, porque vamos a buscar siempre una buena relación en el marco de nuestros principios, porque le conviene al pueblo de México y le conviene a la nación y nosotros vamos a hacer lo que nos mandató el pueblo: lo mejor para el pueblo de México y lo mejor para la nación manteniendo nuestros principios, pero buscando un buen diálogo (…) Les hubiera gustado que dijeran, ¡Ay, se peleó la presidenta Sheinbaum con el presidente Trump! No, pues no nos vamos a pelear (…)”. ¿Sigue aplicando la Kalimán, la estrategia Kalimán?, le preguntaron, y ella contestó: “Sí, serenidad y paciencia”. Esta breve crónica desaforada la leyó Gamés en su periódico El Universal y en un texto de Pedro Villa y Caña y Eduardo Dina.
Serenidad y paciencia
Sobre la carta que enviaron algunos congresistas de Estados Unidos al Secretario de Estado, Marco Rubio, en la que reprobaron acciones militares contra México, la Presidenta lo agradeció: “No sé ni siquiera cómo fue que se dio esta comunicación (…) No la cabildeamos nosotros, fue desde Estados Unidos; no es que los republicanos o los demócratas, nosotros queremos llevarnos bien con todos (...). No sé muy bien cómo se dio esta comunicación, entonces lo agradecemos siempre, pero buscamos que se conozca lo que estamos haciendo aquí y lo bien que va México. Y que entre todos debemos garantizar una buena relación, por el bien de ambos países (...)”.
Gamés quedó más preocupado después de escuchar a la presidenta Sheinbaum que cuando escuchó las amenazas de Trump.
Todo es muy raro, caracho, como diría Luigi Pirandello: “Siempre sentimos la necesidad de culpar a otros de nuestros daños y desventuras”.
Gil s’en va