¿Te ha tocado ver cómo crucifican a padres y madres de familia en redes sociales por temas de custodia y convivencia con los hijos?
Es lamentable y vergonzosa la actitud de muchos que toman partido sin conocer la otra cara de la moneda de un conflicto de pareja. La amistad se malentiende y en nombre de la lealtad, se comparten contenidos falsos y se daña a uno de los progenitores y también a los niños.
¿Cómo hacerle entender a una chica que el hecho de que sea tu mejor amiga esa que vive un conflicto de pareja, no la convierte en la mejor persona?
No puedes asumir si no te consta de cerca, que ella tiene la razón y que el malo de la película es su ex. Tampoco puedes apostar que tu compadre del alma, es el bueno y el maltratado… y que su ex es perversa y no lo deja ver a sus hijos solo por malvada. El que sean tus mejores amigos no los convierte en personas infalibles. Le haríamos mucho bien a sus hijos si dejáramos de meternos en lo que no nos importa y no nos consta.
En psicoterapia es muy triste escuchar de viva voz la realidad de las cosas y narrada por los propios niños; lloran y se sienten a la deriva cuando uno de sus padres actúa como un demente y satura las redes sociales de novelas perversas y llenas de victimismo, narrando situaciones falsas sobre el otro progenitor. Y peor aún: la familia y amistades, igualmente enfermas, se suman a esa crucifixión sin conocer de cerca la realidad del drama, o bien, a pesar de conocerlo, deciden solapar las injusticias y mentiras para favorecer al pariente o amigo.
Los menores son los últimos en quienes pensamos; y la ley no actúa hacia la gente metiche e ignorante que difama. Los chicos reciben bullying porque sus compañeros se enteran sobre su situación familiar complicada, a partir de la vulgar difusión en redes sociales, entre anonimato, cobardía y perfiles falsos.
¿Y las autoridades por qué no hacen su trabajo? Sabemos que si no resuelven asesinatos, menos van a actuar contra los cobardes anónimos.
Nos queda la educación emocional en casa y en la escuela, retomar los valores y dejar de ser vulgares y metiches, porque los únicos inocentes son los niños y son quienes más terminan lastimados.