Cultura

Las metamorfosis: Pigmalión y Galatea

  • 30-30
  • Las metamorfosis: Pigmalión y Galatea
  • Fernando Fabio Sánchez

Pigmalión, rey de Chipre, decidió permanecer soltero y vivir sin pareja para protegerse del mundo. Esculpió en marfil la efigie de una mujer. 

La realizó tan hermosa que nadie, con su belleza natural, podía competir con ella. Pigmalión se enamoró.

Ponía sus manos en la estatua para comprobar que no estuviera hecha de carne, pues se rehusaba a aceptar que fuera de marfil.

La besaba y sentía que ella correspondía a su beso. Hablaba con ella y, al tocar sus miembros, juzgaba que sus dedos se hundían en la piel, temeroso de plantar alguna huella.

Le hablaba con dulzura y le llevaba regalos: conchas y piedrecillas de colores, pajaritos, flores coloridas y ámbar.

Le colgaba matos rojos, anillos en los dedos y largos collares que le llegaban al escote.

Todo eso era muy bello. Pero la estatua era mucho más hermosa cuando se encontraba desnuda.

La acostaba en la cama cubierta con mantas azul de Tiro y le susurraba dulcemente mientras reclinaba su cabeza en almohadas esponjosas.

Y llegó el festival de Afrodita y todo Chipre salió a celebrar. Pigmalión ofreció su sacrificio y tímidamente rezó: “Oh, dioses, les pido que me den una esposa”.

Y no dijo que la chica de marfil lo fuera, aunque aclaró: “alguien como mi chica de marfil”.

Pero Afrodita, que estaba presente en su propio festival, descifró el mensaje y, como una señal de su favor divino, hizo que la flama del altar se elevara tres veces.

De regreso en casa, Pigmalión buscó a su simulacro. Le dio un beso y le pareció que estaba tibia. 

La besó otra vez y le tomó un seno con la mano. El marfil se ablandó al tacto y perdió su rigidez como la cera bajo el sol.

El amante se quedó atónito. Temeroso de estar equivocado, puso a prueba sus percepciones una y otra vez. ¡Galatea era real!

Pigmalión dio gracias a Afrodita, y llevó sus labios a los labios de la chica, reales por primera vez. 

Ella sintió el beso, sonrojándose, y levantó los ojos tímidos hacia la luz, elevando la oración al cielo.

La diosa asistió a la boda de los dos, y nueve meses más tarde, nació la niña Pafos, quien dio su nombre a aquella isla en el Mediterráneo.

*Traducción y selección personal de “Metamorphoses”: Ovidio (Hackett; trad. Stanley Lombardo).

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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