Cada nuevo parte de guerra es igual o casi igual al anterior. Optimista, triunfal, definitivo. Solo sorprende que después de 13 años de aplastantes victorias las cosas sigan como están.
Los números son siempre igual de confusos e improbables. Según La Jornada, en este año pasado murieron 246 militares (y fueron heridos otros 246), según Juan Ibarrola, en MILENIO, los muertos fueron 38. Según La Jornada, entre los atacantes hubo 452 muertos, 215 heridos y 215 detenidos. Obviamente, alguien está leyendo mal. El problema es que no resulta fácil encontrar los datos en el informe de la Sedena. Sobre los decomisos, las dos fuentes coinciden en que se incautaron alrededor de 9,700 armas de fuego y 34, 461 vehículos –o sea, unos cuarenta por cada muerto, herido o detenido (hay cuenta aparte de barcos, aviones y 7 mil contenedores). Francamente extraño.
Nadie corrigió esos números, nadie desmintió la información. No hubo un portavoz del Ejército, nadie de la redacción de los periódicos, ningún lector al que le llamase la atención nada de eso. Significa que nadie lee. Y significa que a nadie le importan los datos: se ponen por poner, nadie se los toma en serio.
En lo sustantivo, el parte se refiere a las drogas, porque es lo que ha ordenado el presidente (el presidente Trump, quiero decir). Y sobre todo alardea (todos coinciden) de la incautación de 598 millones de dosis de fentanilo, “la droga que más daño causa a la sociedad”. No hacía falta decirlo. El parte podría limitarse a decir: nos ordenaron, incautamos; pero si se dice el motivo, es obligatorio dar la explicación completa: más daño ¿a la sociedad mexicana, a la norteamericana? ¿Cuántos muertos, cuántas vidas destruidas por el consumo de fentanilo? ¿Cuántos muertos, cuántas vidas destruidas por la política de prohibición del fentanilo?
Lo más problemático es el titular de La Jornada: “Sangría de 34 mil millones al narco causaron fuerzas armadas”. Según el texto, “solo en droga decomisada, el monto asegurado equivale a 24 mil 813 millones de pesos”. La equivalencia es el problema. Porque no vale lo mismo la droga en la sierra, en la frontera, en Ciudad de México o en Nueva York. En esas acrobacias estadísticas, el monto se establece normalmente a partir del precio de calle, no importa dónde se haya incautado, y de ahí salen los millones. Pero eso es lo que hubieran ganado muchos miles de menudistas, que habrían pagado millones a varios cientos de distribuidores, que habrían comprado esa droga a muchas docenas de transportistas e intermediarios, que a su vez habrían pagado por ella a unos cuantos grandes productores, que habrían pagado a decenas de miles de campesinos… Es decir, que esa cantidad de dinero no se la quitaron a nadie, sino a ese sujeto quimérico que es “el crimen organizado”.
La fantasía resulta de proyectar la lógica de la gran empresa en una economía que no tiene nada que ver, y que funciona de un modo enteramente distinto. El parte anuncia una victoria sobre nadie. La operación “humanismo fraterno” sigue peleando con los mismos fantasmas, en los mismos términos, en este decimotercer año triunfal.