Con sangre mexicana corriendo por su venas y dándole un ligero toque cosmopolita a su propuesta, la guitarrista y cantautora de Hamburgo, Alin Coen (1982) se desplaza con cierta nostalgia y emotividad contenida por los caminos del folkrock y el country con sutiles acentos de jazz y pop, a partir de composiciones evocativas armadas a través de estructuras nítidas, en las que igual caben los cantos a la presencia y ausencia del amor en sus diferentes variantes, conservando un esperanzador espíritu sin desconocer la fuerza de las rupturas afectivas.
La bisnieta de la contralto y maestra duranguense Fanny Anitúa, integró la banda en el 2007 con la guitarra de Jan Frisch, el bajo de Philipp Martin y la batería de Fabian Stevens; después de algunos ejercicios de calentamiento, debutaron con Werbist du? (2010), en el que la vocal se despliega de manera convincente con ese indudable acento alemán, sobre todo reconocido cuando canta en inglés, que curiosamente no suena áspero, sino que adquiere un susurrante encanto multicultural a lo largo de los 13 cortes, dejando el cierre en clave instrumental.
A tono con los tiempos que corren, la artista plantea que “pequeños ladrillos de silencio van formando un muro” y “…cuando pongo mis manos en él para recordar cómo se sentía, solamente se percibe una roca dura y fría como el hielo”. Con la influencia o en la línea de cantantes como Joni Mitchell, Suzanne Vega, Regina Spektor, Cat Power, Eleanor Friedberger, Cate Le Bon y Laura Marling, entre otras, apareció el EP Einerwillimmermehr (2011), oscilando entre el inconformismo y la dificultad para cumplir con las expectativas, seguido de We’re Not The Ones We Thought We Were (2013), en sentida búsqueda de identidades asumidas.
El álbum Alleswasichhab – live (2014) captura con claridad la cercanía que la cantante establece con su público a partir de la interpretación de sus canciones con discretos apuntes psicodélicos donde, en efecto, deja todo lo que tiene, tal como refiere el título del disco. A lo largo de los cortes, editados un cuanto tanto de manera brusca, se va construyendo una atmósfera de compartida intimidad en la que se permite cierta flexibilidad en el desarrollo de las composiciones.
Carnaval Bahidorá 2017
Vuelve esta fiesta que promueve valores como el amor a la diversidad, la conciencia sustentable, el sentido de comunidad, responsabilidad cívica y la expresión y participación activas. Entre sus participantes se encuentra el venerable productor Juan Atkins, hombre clave de la escena tecno de Detroit desde los años ochenta, cuya notoria influencia se puede escuchar en The Berlin Sessions (2005) y en la soberbia compilación 20 Years: 1985-2005 (2005), integrada por una selección con amplio criterio y buen tino, como si Kraftwerk asumiera las creencias del funk y un robot con peinado afro se presentara en la pista.
Ha formado parte de grupos como Cybotron junto con Rick Davis y Jon-5, proyecto a través del cual grabó el clásico primigenio Enter (1983), así como de Borderline, en compañía de Moritz Von Oswald, con quien presentó el álbum Borderline (2013), que le dio nombre al dueto, y el minimalista Transport (2016), de hipnotismo a fuego lento, como cuando viajas y te vas quedando absorto en el movimiento. Bajo el nombre de Model 500, firmó el disco Deep Space (1995), obra que sintetiza su apuesta de traer un ambiente cósmico a la pista de baile con alcance ciencia ficcional, a la que le siguieron Mind and Body (2009) y Digital Solutions (2015), para seguir el viaje por la vía láctea.
Por su parte, Audion, proyecto alterno de Matthew Dear, reconocido músico texano que gusta de adentrarse por atmósferas tecno con el mínimo de elementos necesarios para crear estados de ánimo absorbentes, que liberen al cuerpo de las limitaciones de la mente, o viceversa, en función de la necesidad particular. Su primer largo, Suckfish (2005), integró diversos cortes aparecidos como sencillos y en EP’s, para después entregar algunas mezclas grabadas en Fabric 27 (2006), de la famosa serie electrónica, y Alpha (2016), propuesta imposible de rechazar para saltar a la peligrosa zona de baile.
También se presenta la compositora, cantante y productora de Ontario Jessy Lanza, bien cobijada por su pop ochentero intervenido con una base dubstep y envoltorio R&B. Después de conocer a Jeremy Greenspan de Junior Boys y participar en un álbum del grupo, grabó con su apoyo Pull My Hair Back (2013), debut que la integró a la escena de la electrónica canadiense donde participó con diversos músicos. Tras el EP You Never Show Your Love (2015), presentó su segundo largo Oh No! (2016), que terminó siendo una catapulta para llevarla ante los grandes públicos y, de paso, convirtiéndose en una de las obras mejor valoradas del año.
Jessica Gentile, mejor conocida como Jubilee, se mudó de Miami a Nueva York y, después de hacer un poco de todo y fungir como DJ en fiestas, logró grabar un trío de EP’s que abonaron el camino para la llegada de After Hours (2016), listo para acompañar las madrugadas que transitan entre la vigilia, la somnolencia y la continuidad de la fiesta con pasos en falso o firmes, según el caso. En tanto, la afro-puertorriqueña asentada en Nueva York, Destiny Frasqueri se unió al productor Christopher Lare y ya como Princess Nokia levantó la voz multicultural, ahora más necesaria que nunca, con tesituras hipoperas, rítmica africana y espíritu latino en sus mezclas Metallic Butterfly (2014), Honeysuckle (2015) y 1992 (2016).
Y en estas ensoñaciones, Peter M. Kersten, quien firma como Lawrence, propone un tecno que nos transporta por parajes oníricos en miniatura con voces alteradas desde su homónimo Lawrence (2002), seguido por los espléndidos The Absence of Blight (2003),The Night Will Last Forever (2005) y Until Then, Goodbye (2009), obras que desde sus títulos van construyendo el contexto emocional y relacional de la vivencia por experimentar. Yoyogi Park (2016) confirma la capacidad del músico para acompañar esos momentos en los que no tenemos claridad de dónde venimos y, mucho menos, a dónde vamos.
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