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Viernes , 26.04.2019 / 03:52 Hoy

Juego de espejos

La renuncia

Federico Berrueto

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Las renuncias son reveladoras de la crisis bajo la línea de lo aparente, no solo efecto de los desencuentros personales. Simón Levy, subsecretario de Turismo, ha tirado la toalla. ¿Arrebato o disparo de impaciencia? Para él, como para muchos otros formalmente empoderados, estos cuatro meses debieron haber sido pesadilla. El sector turístico ha sido una de las bajas de la 4T. Ha dejado de ser prioridad al despojarle de los recursos de la promoción turística. El Presidente y el secretario no escuchan, tampoco entienden. Todo gira en torno al Tren Maya. La actitud hacia el turismo es la medida de los prejuicios y complejos del señor Presidente.

Los medios no leyeron bien el tuit del otrora subsecretario; una coma hubiera aclarado. Lealtad al Presidente, no a Miguel Torruco. A éste solo un mensaje obligado de éxito. Es evidente lo ocurrido, aunque no estaría de más que Levy también hubiera deseado al Presidente buenas cuentas, sobre todo por el desastre que se avecina para el turismo.

Para Simón Levy debió ser muy difícil soportar los desplantes del señor Torruco, cuya soberbia es casi del mismo tamaño que el de su incompetencia, y la primera no es pequeña. El Presidente requiere colaboradores dispuestos a hacerle ver la realidad; el secretario de Turismo ha hecho lo contrario; obsequioso al Tren Maya, al Aeropuerto de Santa Lucía y fiel servidor al culto del jefe; desleales, porque más quieren el cargo que la encomienda, el nombramiento a la tarea. Todo en ellos es ofensa.

Empero, al turismo no lo está matando la indiferencia gubernamental, de por sí problema, sino la inseguridad que día a día aumenta en el país y en las zonas turísticas. Guanajuato hasta hace unos años, uno de los estados más seguros es territorio apache, consecuencia del imperio del crimen asociado al robo de combustible, que, por cierto, todavía persiste a pesar del triunfalismo oficial. Michoacán, Morelos y Guerrero desde hace tiempo han perdido la batalla contra el crimen y por si fuera poco Cancún y Playa del Carmen son escenario de ejecuciones ejemplares por grupos criminales disputando territorio. Descomposición heredada que se ha acrecentado en estos cuatro meses. Una pena que los muchos paraísos nacionales se vean comprometidos por el crimen y la indolencia gubernamental.

El turismo crece, pero a menor ritmo que en años pasados. México pierde lugar en el número de visitantes. El vilipendiado pasado fue más exitoso y en buena parte se debió a la confianza de inversionistas, ahora extinta, y por la promoción turística que para el señor Torruco y su jefe fueron dispendio y corrupción. Con más ignorancia que perfidia, que para el caso es lo mismo, la promoción se les ha encargado a embajadas y consulados, que de suyo propio padecen una severa crisis de presupuesto.

A Simón Levy su jefe lo remitió a Chetumal, la sede de la oficina de Turismo por voluntad del Presidente. ¿Por qué no Cancún o Mérida? La capital de Quintana Roo no tiene una razonable infraestructura, ya no se diga comunicación suficiente. Pero la culpa de lo que sucede no solo es de los cortesanos, también de los empresarios del sector. Les ocurre lo que a muchos otros en el país; aplauden lo que no quieren y el aplaudido se advierte ratificado en el error.

López Obrador no alcanza a percibir el miedo que inspira, no por él, sino por el temor de que sus subordinados oficiosamente recurran a la represión a quien disiente bajo la máscara de la inobjetable lucha contra la corrupción. Sobran los Beria de la 4T.

La renuncia de Simón Levy no solo dibuja personajes y formas viciadas de ejercicio del poder. También revela la crisis inducida a uno de los más prometedores sectores de la economía nacional; la joya de la corona para el empleo, el ingreso de divisas y la digna promoción de México y los mexicanos.


fberrueto@gmail.com

@berrueto


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