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Lunes , 20.05.2019 / 13:48 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Fitch, Morgan, Citi y BBVA no entienden

Esteban Garaiz

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Las instituciones financieras privadas como Fitch, Morgan, Citi y BBVA, canales de la globalidad en México, no entienden, y a decir verdad nunca han entendido ni querido entender, que la finalidad esencial de Pemex, como empresa pública central, no es su rentabilidad individual privada, sino ser la palanca y la columna del desarrollo económico nacional autónomo (sin muros).

No entienden que, desde su fundación en 1938, la razón de ser de Pemex es proporcionar combustibles para la movilidad estratégica nacional (¿les queda alguna duda?) a precios estables, y no sujetos estúpidamente a los vaivenes internacionales. Para lo cual es estratégicamente necesario tener funcionando adecuadamente las refinerías propias.

Igualmente, razón de ser de Pemex es la producción de fertilizantes a precios accesibles para los agricultores graneros (lo que hizo por muchos años hasta que los neoliberales desmantelaron Fertimex).

Del mismo modo, razón de ser de Pemex es la estratégica industria petroquímica básica nacional que garantice los insumos para la omnipresente producción petroquímica privada, que va desde medicamentos, pinturas, lentes, partes automotrices hasta celulares o calzado.

Por supuesto, también es misión de Pemex mantener vivo (y ahora revivir) el Instituto Mexicano del Petróleo, cantera de extraordinarios técnicos mexicanos, que en aquellos tiempos generaron patentes internacionales; y que los canallas desmantelaron, para luego afirmar descaradamente que México carecía de tecnología.

Por eso, se producen las aventuradas afirmaciones de voceros de BBVA Bancomer de que “no debería aumentar la inversión en proyectos de refinación dadas las cuantiosas pérdidas históricas en dicha actividad”. Por lo visto, olvidan que la importación y el IEPS llevaron al gasolinazo; y al criminal abandono de la capacidad instalada.

Mientras que, por otro lado, la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción (CMIC) en voz de su delegado en Guanajuato Francisco Javier Padilla, nos hace saber que “el desabasto de combustible dejó pérdidas en la industria de la construcción por 15 mil millones de pesos en las dos semanas de enero más difíciles”.

Independientemente de que tales pérdidas deben entenderse como “retrasos en la ejecución de la obra pública y entrega de material”, ya es hora de que los dirigentes empresariales en México entiendan con claridad que combustibles, fertilizantes, petroquímica básica y tecnología propia son actividades estratégicas que garantizan y sustentan el cuerpo material de la autonomía económica y de la soberanía nacional.

Resulta increíble que Cuba, que todavía no tiene la capacidad técnica de extraer sus pletóricas reservas de crudo en su parte de las aguas profundas patrimoniales del Golfo, tenga hoy por hoy mayor capacidad de refinación que México, con petróleo importado de Venezuela (¿les suena?).

Una premisa mayor falsa no puede sino llevarnos a conclusiones falsas. Como que la refinación propia no es redituable para la Nación porque no le deja utilidades inmediatas a la maltrecha (de mala fe) “empresa productiva nacional”.

Por eso también la imprudente afirmación (o mal intencionada) de Citi de que la trayectoria marcada por el Ejecutivo Federal “no es convincente, pues no se espera que Pemex sea más eficiente, ni más redituable y se va a asignar el capital a negocios o actividades poco redituables por lo que no van a mejorar los procesos operativos ni administrativos, al tiempo que optará por operar sólo, no con socios como se esperaba con la reforma energética.” Siguen hablando de “negocios” de Pemex. Como dicen las mamás de la Chontalpa: “¡Es que no entienden!”

Queda claro para los amables lectores dónde salió a relucir el peine. Con tal trayectoria de reinversión trazada por el Ejecutivo Federal y su Secretario de Hacienda, Pemex ya no será negocio redituable para los SOCIOS privados según pretendía la reforma energética de 2013 (de ya saben quiénes).

Va simplemente en la línea de volver a ser la palanca del desarrollo nacional propio.

Por eso, los arriba citados “coincidieron en que el problema más grande de la administración de López Obrador es que no tiene un diagnóstico apropiado”.

Ahí está el asunto: en el diagnóstico.


P.D. Las citas son de Silvia Rodríguez y Jannet López de Milenio 16-02-19.


estebangaraiz.org





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