Cultura

La nieve ha caído

Cuando muere un poeta, fallece un valiente. A trece días de habérsele dormido el corazón luego de palpitarle durante 93 años, releo uno de los libros en que aprehendo con mayor elocuencia la poesía de Yves Bonnefoy, heredero de Ungaretti y Jouve: Ce qui fut sans lumière (suivi de Début et fin de la niegue et de Là où retombe la flèche), editado por Gallimard en 1995, que consta de un ensayo y dos obras poéticas, ahonda en el prodigio de la creación misma: transfiguración inmediata de lo material al lenguaje. Como el título indica, a través de la aparente monotonía de un paisaje, blanco y lento, resultado de condiciones meteorológicas que en Europa son una constante, es aquí además de destino,

una posibilidad de que las letras sin cambiar los hechos, adviertan con lujo crítico cualquier cosa banal y la enriquezcan, expresando con belleza la feraz naturaleza, ámbito favorito del verso arraigado a la tradición mística.

Libertador de quimeras que solo empobrecen al ser humano, Bonnefoy buscó unificarlo mediante un acto heroico: el poema. Unas veces simple y directo, otras complejo y ambiguo, pero nunca a destiempo. El tiempo ayuda al poeta, en tanto que poeta ciertamente, a que la creación siga la vía de la razón, libertadora. Él amó la tierra y fue correspondido: le dotó con envidiables facultades que trabajó durante años hasta convertirlas en genio. Tuvo la facilidad del don y no el horror de la vocación.

Su pluma transfundió tinta a quienes admiraba: Arthur Rimbaud, Paul Celan, André Mason, Albin Michel, Alexandra Holan y Alberto Giacometti, con tal de revivirlos por el mero placer de lograr una cohesión armoniosa entre épocas que adoraba. Contar la hazaña de tantos escritores tal cual hizo, significó descubrir y presentar como suyo aquello ajeno a sí mismo; centrándose en los lugares decisivos del pensamiento, que vuelven cada obra una revelación poética.

No tuve el honor de conocerlo en la FIL del 2013, sin embargo los que acudieron a Guadalajara aquel año no dejan de restregarme su personalidad, introvertida y accesible que plasma en cada verso, desparramando vida hoja tras hoja. Este libro al que hoy aludo, posee la pureza de la nieve luego de fundirse en agua, transparencia invisible. Bonnefoy construye un país de geografía simbólica, de abismal blancura, donde la belleza del mundo se inclina: “Sin duda, el lugar para vencer, para vencernos, es aquí, del cual partimos”.

Google news logo
Síguenos en
Erandi Cerbón Gómez
  • Erandi Cerbón Gómez
  • femme.de.lettres@hotmail.com
  • Erandi Cerbón Gómez (Ciudad de México, 1991) hizo estudios de filosofía en la UNAM y escribe sobre libros en MILENIO desde 2014. Publica los jueves cada 15 días su columna Igitur.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.