Sociedad

Pajarito y Molote

Se inician los chutes a la portería. Ándres Lobato
Se inician los chutes a la portería. Ándres Lobato

Nunca gustó del futbol, pero se resignaba. Al fin, todo mundo enfebrecía cuando el torneo anual del barrio, organizado por Molote, iniciaba en las canchas de la colonia ubicada atrás del aeropuerto.

—¿Por qué no juegas? —pregunta Molote.

—No me gusta —responde Pajarito, sentado sobre una pila de tabiques, sin perder de vista las docenas de piernas que corren de un lado a otro, dentro de las líneas de cal que en un pedazo de terreno baldío delimitan la improvisada cancha de futbol.

—¿Te conseguimos un equipo? —insiste Molote. Pero Pajarito le desdeña, sin perder de vista el ir y venir del balón que pasa de un equipo a otro.

Desde las 6 de la mañana el campo casi está listo: llano yermo dispuesto como escenario donde los dribles y las patadas serán coreografía continua. El sol atisba detrás de los volcanes, y Molote se quita la chamarra, y rellena con un par de kilos de calhidra un bote de aluminio oxidado con orificios en el fondo. Camina contando en voz alta sus pasos, mientras el polvo blanco brota del bote y deja tras de sí una línea continua que dibuja el campo de futbol: 120 pasos a lo largo y 90 pasos a lo ancho.

Pronto llegará Aurora sobre su triciclo acondicionado como expendio de chicharrones, cacahuates, huevos cocidos y cueritos con chile. También doña Irma con su comal para quesadillas, y una tina repleta de hielos donde helará la cerveza que más tarde quitará la sed de los participantes del torneo.

A las ocho de la mañana inicia el primer juego. Las familias de los jugadores se acomodan alrededor de la cancha, y poco a poco el bullicio crece, al mismo ritmo que las patadas a las espinillas y los chutes rumbo a la portería. El árbitro resopla y corre tras los jugadores; ocasionalmente interrumpe el juego con un silbatazo que desquicia al público que le azota con mentadas de madre, chiflidos y risas. El día transcurre y los ganadores reciben sus trofeos.

Junto a los trofeos, Pajarito hace guardia mientras observa a Molote entregar las premiaciones. Sonríe y disfruta junto a los jugadores.

—¿No que no te gusta el futbol? —pregunta Molote.

—No me gusta jugar, pero me gusta ver los goles.


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Emiliano Pérez Cruz
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