Sociedad

Desaparecieron del barrio

Para que se ayudará en los gastos escolares, la abuela Yaya llegó ese lunes con una pequeña jaula de madera y dentro un par de canarios y otro de verdines, y le dijo a Tino:

—Toma, m’hijito: atiéndelos bien y verás que servirán para que te ayudes en los gastos de la escuela. Comen alpiste, avena, semillas de nabo y de mijo blanco y rojo. Ten siempre bien lleno su comedero, y el traste con su agua limpia. Son dos parejitas de machos y hembras. Cuando les llegue la hora de la cruza, ponles un nido bien acolchadito y ellos se encargarán de agregar plumas, para que esté más suavecito. Cuando veas que la hembra ya puso huevitos, tapa la jaula con un trapo, porque son muy celosos: si los miran son capaces de tirar los huevos o las crías y se malogran.

Cuando los polluelos emplumaban, la abuela los llevaba a Polanco, a una tienda de departamental ubicada en la esquina de Homero y Mariano Escobedo, donde le permitían exhibirlos; guardaba el producto de la venta, y en la próxima visita entregaba el dinero a Tino:

—Los criaste como te dije y se dieron muy bonitos. Seguro los machos serán tan cantadores como el papá y las hembras buenas pa’ la crianza. Toma, guarda el dinerito y ocúpalo pa’ que compres lo que te haga falta; así, tu papá ya no se molestara porque le pides pa’ los útiles escolares. Hasta agradecerá que te ayudes con los gastos.

Los canarios y verdines alegraban la casa con sus gorjeos. Las vecinas le compraban aves fiadas a Tino, quien les dedicaba buen tiempo para mantenerlos en las mejores condiciones: lavar el piso de las jaulas, tener siempre con semillas los comederos, estar atento cuando requerían nido para empollar y, por las noches, guardar las jaulas para no exponerlas a los hambrientos gatos, y en invierno evitar que el frío las diezmara.

Con el dinero, producto de la venta de canarios y verdines, el Tino se ajuareaba de material para la clase de dibujo técnico, que adquiría en la calle de El Salvador. Compraba cartoncillo manila y papel albanene de la mejor calidad y tinta china y plumillas para el graphos con el que entintaba los dibujos de máquinas y planos de edificios para ganarse la voluntad del teacher y las mejores calificaciones.

El profe le alimentaba el deseo de hacer la carrera de arquitectura y le pagaba para que  entintara los planos que le encargaban en el despacho de arquitectos donde laboraba.

Su padre le consiguió un trozo de triplay, cubierto con formica, que usó como restirador.

Así, con lo que obtenía por la venta de las aves y el entintado de planos, cursaba la secundaria tranquilo, sin presiones económicas.

En el barrio, pocos estudiaban más allá de la primaria; la banda de Los Chamulas atracaba a los que llamaba “estudiantes jotitos”. Tino se resistió. En el brazo derecho recibió los picahielazos; se volvió zurdo rencoroso. Con sus primos y hermanos ingresaron a urgencias de la Cruz Verde al Chon y al Chivo, inconscientes. Los demás Chamulas desaparecieron; Tino se olvidó canarios y verdines y de sus instrumentos de dibujo, abandonó la escuela, pidió chamba en el vecino taller de herrería y los sábados, con sus compás, le entra a la coperacha para el frasco de ron y las caguamas.


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Emiliano Pérez Cruz
  • Emiliano Pérez Cruz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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