Política

La humanidad al rescate de lo humano

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No es una advertencia ni tampoco un juicio sumario, Magnifica Humanitas, la encíclica del papa León XIV recién publicada el 15 de mayo, no tiene ni el tono de una acusación contra la Inteligencia Artificial (IA en adelante) ni el de una simple exhortación a vivir y convivir mejor con ésta. Sus líneas no son románticas ni ingenuas, pero tampoco dramáticas ni fatalistas. El acento no está en el análisis de la IA, sino en el misterio de un rescate, de algo que nadie nos robó, sino que cedimos libremente: el tesoro de sabernos humanos.

Que la IA tiene innumerables riesgos éticos, lo sabemos. Que hay que saberla usar y conocer a fondo sus orígenes así como las fases de su desarrollo, está claro; pero, lo que quizá no lo está tanto, es la identificación no ya de sus componentes, sino de los nuestros, es decir, de aquello que somos y queremos seguir siendo.

Así, la preocupación central del papa no es el buen uso de la IA, sino el no olvido de lo “humano” de nuestra “humanidad”. Para devolvernos el sentido de la pregunta de la IA a nuestra humanidad, nos ofrece tres pistas por dónde buscar -y rescatar- lo humano que nos queda:

1.- La humanidad “de lo humano” no radica ni en su perfección ni en su productividad, sino en su límite. Por absurdo que parezca, lo que nos hace humanos es que, mediante nuestro cuerpo, estamos sujetos al tiempo y al espacio y que, por lógica, algún día estos nos establecerán el hasta dónde llegaremos. Así, la fragilidad, la vulnerabilidad el margen de error, los defectos, como también el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte son lo que nos hace verdaderamente humanos.

Mientras la carrera tecnológica insiste en superar los límites y tender a lo ilimitado haciendo que cualquier cosa, sea posible, lo humano se mantiene a raya delimitando sus decisiones y cargando con sus errores. Si la IA busca la perfección, lo humano se instala en su opuesto: en la imperfección.

Lejos de ser esto una tragedia o de sumirnos en unpesimismo, el límite humano es lo que nos permite soñar y trascenderlo desde nuestra misma inmanencia y confiados en que somos criaturas creadas finitamente desde algo que es infinito. Amar nuestro límite significa entonces amar la humanidad de barro que somos y que se quiebra y se repara en muchos momentos distintos, es sabernos frágiles y pedir una mano, es encontrar la calidez de un abrazo y experimentar la necesidad de ser cuidados, sostenidos, orientados, conservados.

2. Lo humano que hay en nosotros busca la verdad, no la fantasía. Mientras que la IA nos presenta mundos fascinantes provenientes de sus alucinaciones, lo humano busca más allá y en su espíritu inquieto, anhela lo que no pasa de moda; la realidad “real”, tan real que duele, tan real que nos confronta, tan real que carece de respuestas pero así, en su inconmensurabilidad, nos rebela la verdad que nuestro corazón ansía.

La verdad que se revela en la realidad, aún en la que duele y resquebraja el alma, es la vía de rescate de lo humano que nos queda.

La verdad, a diferencia de la alucinación, permanece, resiste, a veces no gusta, a ratos incomoda, pero al final, consuela y alivia. Nuestra humanidad la necesita y la reclama. Las falsedades de la IA no duran mucho tiempo.Aunque encantan, tarde o temprano se derrumban, se desnudan como mentiras y terminan por sucumbir en el tiempo.

3. El tiempo de lo humano es diferente al tiempo de la IA Las personas crecemos, maduramos, avanzamos en el tiempo, con el tiempo y a través del tiempo y este no es uno lineal que anule el pasado y se proyecte necesariamente al futuro. El tiempo humano no se mide en segundos ni con reloj, los años no son de 365 días ni las horas de 60 minutos. El tiempo humano va y viene, avanza y retrocede porque no habita en un cronómetro sino el corazón de cada persona. Crecer no significa sólo cumplir un año más, implica un proceso de asimilación de lo vivido, de reconciliación con las heridas del pasado y del presente, ver la vida entera como don y entender su propósito y esto, lleva tiempo, años quizá, tal vez, toda la vida.

La IA busca rapidez, superar la barrera de la velocidad y generar mayor eficacia y mejores resultados, la vida humana no. Buscamos un tiempo que no se mide sino con la paz interna. Lo humano tiene su tiempo y respetarlo, parte de recuperar lo que somos.

Si la propuesta del papa es rescatar lo humano, regresar la mirada a esto y lo que lo compone es el camino más acertado. No se trata entonces de competir con la IA o decir que lo humano es, sencillamente, mejor que ella; hay que atreverse a vivir como humanos en un tiempo en que vivir como máquinas parece ser lo común.

Mored
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Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Consultora en Bioética. Fundadora de SECOBIE
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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