El eje del gobierno obradorista es la propaganda. Lo que Andrés Manuel dice en Palacio Nacional retumba hacia los medios y las redes. Y aquello que no le gusta lo refuta desde el micrófono más importante de la nación.
No importa lo que haga o deje de hacer, lo más relevante es lo que la gente crea o perciba que hace.
Repite frases poderosas como: “El pueblo es quien decide”.
Pero, ¿qué pasa cuando éstas se aplican para cobijar candidaturas como la de Félix Salgado a la gubernatura de Guerrero —finalmente tumbada por el INE y restablecida a modo familiar— o la de Ricardo Gallardo a la gubernatura de San Luis Potosí —a quién la Unidad de Inteligencia Financiera denunció ante la FGR— y ahora es candidato electo?
Le pregunté al titular de la UIF, Santiago Nieto, qué entidades le preocupan, de acuerdo con la información que posee sobre los próximos gobernadores. El funcionario recordó lo dicho por AMLO: la ciudadanía definió en todos los estados.
Pero, ¿y si están financiados por el crimen organizado? Cuestioné.
Nieto habló entonces de los mecanismos procesales. Recordó que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tiene la competencia para anular una elección si existe financiamiento ilícito.
Lo terrible es cuando esos mecanismos son capturados por la delincuencia. Y es que la propia UIF denunció al mismísimo magistrado presidente del tribunal, José Luis Vargas, por enriquecimiento ilícito. Lo acusa de crear empresas fachada.
¿Es, pues, el TEPJF quien nos puede salvar de los aspirantes impulsados por el narco? ¿Son esas sus funciones y no de las fiscalías?
¿Es correcto que AMLO pida a Santiago hacer una pausa durante el proceso electoral mientras ganan los vinculados con el crimen? ¿Es el pueblo quien decide? ¿O ya decidieron por él?
Aquí entre nos
Vale la pena ver documentales como el del asesinato del periodista Manuel Buendía. Ahí está la imagen donde Luis Echeverría se regodea desde Palacio Nacional, aplaudido por quienes se congregan con pancartas donde se lee “Echeverría, esperanza del pueblo”.
Como déjà vu eterno se observa a Echeverría, a quien hoy AMLO excluye de la que llama una consulta para enjuiciar a ex presidentes. Ese hombre a quien siguen sin tocar ni con el pétalo de una rebuscada pregunta, pero a quien la historia ya juzgó antes que la justicia o la muerte lo alcance.
Elisa Alanís
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