Parece que el Estado mexicano ha olvidado el centenario del inicio de la Guerra Cristera, ocurrido el 31 de julio de 1926. Aunque conmemorar significa recordar meditativa y reflexivamente un acontecimiento histórico y valorar su significado, no obstante, la renovación del Estado como de orientación política de izquierda, no se ha asumido esta efeméride como una gran conmemoración histórico-política nacional.
Con muy bajo nivel, la UNAM, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Iglesia católica, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México sí tienen programada una serie de eventos conmemorativos.
La Guerra Cristera, también conocida como la Cristiada, fue un enfrentamiento armado entre el gobierno de la República y grupos de católicos de los estados de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Colima, Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes y Durango. Con menor intensidad también se extendió a San Luis Potosí, Guerrero, Estado de México, Veracruz, Oaxaca, Coahuila y Tamaulipas. Según estimaciones, la guerra dejó entre 80 o 90 mil muertos.
No se inició con una batalla, sino con la suspensión del culto religioso, efectuada por los ministros católicos el 31 de julio de 1926, en respuesta a las disposiciones restrictivas establecidas por la Constitución de 1917 y a la intención, expresada en la Ley Calles, publicada el 14 de junio de 1926, de hacerlas efectivas mediante la legislación penal.
La insurrección armada fue resultado de una escalada iniciada en el siglo XIX con las Leyes de Reforma y radicalizada con la Constitución de 1917. Ante la Ley Calles, el Episcopado anunció el 25 de julio de 1926 la suspensión del culto, medida que desencadenó el levantamiento armado cristero, aunque, curiosamente, no existe acuerdo sobre la fecha exacta de su inicio.
La Cristiada tuvo una segunda etapa en la década de 1930. Jean Meyer identifica que en Michoacán se prolongó hasta 1940, mientras Enrique Guerra Manzo la estudia entre 1931 y 1938. Una conmemoración nacional de este fenómeno podría contribuir a dirimir estas diferencias y ordenar esta olvidada historia.