Política

Horror y magia de Tenochtitlan

Escuchar audio
00:00 / 00:00
audio-waveform
volumen-full volumen-medium volumen-low volumen-mute
Escuchar audio
00:00 / 00:00
Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

M+.- Quienes celebran la grandeza de los pueblos originarios, ¿lo hacen con sangre incluida o sin sangre? ¿Celebran también sus ritos sangrientos o hacen sólo como que no existen?

De mis lecturas sobre el trato ritual de los mexicas con la sangre, en los Informantes de Sahagún, obtuve una primera, invencible repugnancia por los usos y costumbres sacrificiales de aquella civilización.

Una impresión parcial, sin duda, porque no incluye todo lo que fue aquel mundo, pero no falsa, sino abrumadoramente real.

He encontrado en el estupendo libro de Úrsula Camba sobre la Malinche un pasaje que equilibra la balanza, que transmite y nos hace sentir, con notable economía de medios, tanto el refinamiento como el horror de aquel mundo.

El pasaje corresponde al momento en que Cortés, acompañado de su lengua, Malintzin, se encuentra con Moctezuma y este procede a mostrarle las grandezas de su ciudad.

Escribe Camba:

Malintzin hace las presentaciones de rigor y Moctezuma los conduce al palacio de Axayácatl, en donde los aloja.

Orgulloso, les muestra el mercado lleno de productos coloridos y diversos: frutas, verduras, semillas, chiles, animales vivos y muertos, mantas, guajes, piezas de alfarería, cestería y esclavos.

Los europeos de nuevo quedan azorados ante la riqueza y la variedad de las mercancías, de la ciudad, del orden y la limpieza y la amplitud de las calzadas.

No les provoca la misma sensación cuando el tlatoani, muy orgulloso, los conduce al templo de Tlatelolco.

Hay costras de sangre en las paredes, vísceras desparramadas, corazones humanos chamuscados colgados del techo y un hedor insoportable.

Los “papas” o sacerdotes con las orejas atravesadas por espinas, con el cabello largo, sucio, enmarañado y lleno de sangre, los miran desafiantes.

Cortés llora, escupe y hace gestos de desagrado. No sabemos si Malintzin los tradujo o si sus aspavientos fueron lo suficientemente elocuentes.

Lo que nuestra protagonista sí traduce es que los mexicas deben abandonar la adoración de sus ídolos, limpiar el cochinero y renunciar a los sacrificios humanos y al canibalismo, pero Moctezuma se niega a obedecer y, molesto, rechaza las reconvenciones que para él son una absoluta falta de respeto.

Encuentro de dos mundos. (Camba Ludlow, Úrsula. Malinche [memoria crítica de México]) (pp. 64-65).


Google news logo
Síguenos en
Héctor Aguilar Camín
  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.