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Intelecto opuesto

Tlahuelilpan a tres meses

Eduardo González

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Las cosas no han cambiado mucho desde aquel 18 de enero cuando explotó un ducto de Pemex en Tlahuelilpan.

El contexto ya es del dominio popular y el discurso también. La lucha contra el huachicol del Presidente, que ya no hay corrupción en Pemex, que el pueblo bueno no se roba la gasolina, que nadie perfora ductos y pone en riesgo su vida y la de los demás, etcétera.

El asunto es que en México (no sólo en Hidalgo) se siguen robando la gasolina.

La razón es la misma aunque deformada. El alto costo de un litro y la carestía en general. No es pretexto pero es la realidad.

En el caso de Tlahuelilpan, la peor tragedia en la historia de Hidalgo, producto del desorden público, de la falta de civilidad, de la toma equivocada de decisiones, la gente sigue esperando apoyos, recursos, que les den dinero así como tal, para que puedan solventar gastos, poner un negocio, comprar una propiedad, algo.

El saldo sigue siendo una incógnita, sin embargo, las autoridades manejan 136 fallecidos que dejan al menos en Tlahuelilpan una treintena de menores en orfandad.

Tlahuelilpan es un caso para ejemplificar a cualquier municipio que vive entre lo rural y lo urbano al interior del país.

No hay fuentes de empleo salvo las que da el gobierno municipal.

La mayoría viven del campo arrendado y el comercio informal. Hay negocios, sí, pero no venden lo suficiente.

¿Quién se hará cargo pues de todo este problema? Hoy es Tlahuelilpan, mañana podría ser cualquier otra parte de México.

El gobierno federal y el de Hidalgo no pueden cargar por siempre con la cruz de la explosión. Me gustaría ver a la sociedad más organizada ayudando a los que menos tienen o los que han pasado por una tragedia.

twitter: @laloflu

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