Estados

Lo necesario

Nunca me ha convencido la idea del destino. No porque pueda refutarla de manera definitiva, sino porque, si la aceptara, sentiría que una parte esencial de mi agencia quedaría disuelta. 

Si todo estuviera ya inscrito en el orden de las cosas, mis decisiones serían apenas la ejecución de un libreto previo. 

Prefiero pensar que la existencia permanece abierta y que cada elección introduce una posibilidad genuina en el mundo.

Sin embargo, esa convicción me ha conducido, con el tiempo, a una idea que considero filosóficamente más fértil: todo lo que me ocurre es exactamente lo que necesitaba que me ocurriera.

No porque una inteligencia superior lo hubiera dispuesto ni porque crea que «todo pasa por algo». 

Existen pérdidas absurdas, injusticias irreparables y sufrimientos que nunca debieron existir. 

No intento justificar el dolor; intento comprender qué puedo hacer con él una vez que forma parte de mi historia.

Cada experiencia, incluso la más adversa, deja de ser únicamente un acontecimiento y pasa a integrarse en la arquitectura de mi identidad. 

No soy solo aquello que elijo; también soy aquello que me obliga a elegirme de nuevo. 

El sentido no antecede a la experiencia. Emerge de la interpretación que hago de ella.

Quizá ese sea uno de los mayores malentendidos de nuestra época. Buscamos descubrir el significado oculto de lo que nos sucede, cuando tal vez la tarea filosófica consista en construirlo. Los acontecimientos son indiferentes; somos nosotros quienes les otorgamos significado. 

En esa capacidad de resignificar la experiencia encuentro una expresión mucho más profunda de la libertad que en la ilusión de controlar las circunstancias.

Por eso digo que todo lo que me ocurre es exactamente lo que necesitaba. 

No porque estuviera destinado a ocurrir, sino porque, una vez vivido, puede convertirse en una condición indispensable para quien llegaré a ser. Incluso aquello que habría evitado a cualquier costo termina revelándome aspectos de mí mismo que la comodidad jamás habría mostrado.

Nunca me ha convencido el destino porque necesito creer que mis decisiones siguen teniendo un peso real. 

Pero también necesito creer que nada de lo vivido está condenado a la esterilidad. 

Que incluso el fracaso puede convertirse en conocimiento, la pérdida en profundidad y la incertidumbre en una forma más lúcida de habitar el mundo.

Google news logo
Síguenos en
Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
  • Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.