Estados

Ética de la entrega

Se suele pensar que la honestidad consiste en decir la verdad. Sin embargo, existe una forma más profunda y menos evidente de honestidad: la de no mentirse a uno mismo acerca de lo que siente.

Vivimos en una cultura que admira el control. Controlar las emociones, controlar los impulsos, controlar los deseos. 

El individuo ideal parece ser aquel que logra mantener una distancia prudente respecto de todo aquello que podría perturbar su equilibrio. 

Como si la lucidez dependiera siempre de una posición de dominio.

Pero hay experiencias que no se dejan gobernar tan fácilmente. El amor, la nostalgia, el duelo, la fascinación, el deseo. 

Fenómenos que aparecen en nosotros antes de cualquier decisión y que, precisamente por ello, revelan algo esencial sobre nuestra condición. No los elegimos; nos suceden.

Por eso existe una honestidad singular en la entrega. No porque toda emoción deba obedecerse ni porque todo deseo merezca ser satisfecho, sino porque hay una verdad que sólo se vuelve accesible cuando dejamos de resistir aquello que sentimos.

Con frecuencia, la resistencia nace del miedo. Tememos sentir demasiado, desear demasiado o descubrir algo de nosotros mismos que contradiga la imagen que hemos construido. 

Entonces racionalizamos, minimizamos o disfrazamos lo que ocurre en nuestro interior. 

Nos convencemos de que no importa, de que no es tan profundo, de que podemos permanecer indiferentes.

La entrega comienza cuando dejamos de discutir con lo que ya está presente. Cuando dejamos de preguntarnos si deberíamos sentir algo y simplemente reconocemos que lo sentimos. 

En ese gesto hay una forma de sinceridad difícil de alcanzar, porque exige renunciar a la comodidad de las explicaciones para habitar la realidad desnuda de una emoción.

Esto se vuelve especialmente claro en el ámbito del deseo. El deseo nunca se dirige únicamente hacia un objeto. Deseamos personas, proyectos, lugares, ideas o formas de vida porque en ellos percibimos una promesa de significado. 

Hay algo en aquello que deseamos que nos llama, que nos atrae más allá de cualquier razonamiento completamente satisfactorio. 

Por eso el deseo profundo posee una dimensión reveladora: muestra una orientación íntima de nuestra existencia.

Aquello que nos conmueve de manera persistente suele decir más sobre nosotros que muchas de nuestras convicciones conscientes.

De ahí que exista honestidad en reconocer el deseo sin apresurarse a domesticarlo. No para convertirlo inmediatamente en acción, sino para escucharlo. 

Para permitir que despliegue todo lo que tiene que mostrar acerca de nuestras carencias, aspiraciones y posibilidades.

Hay una diferencia importante entre ser arrastrado por un deseo y entregarse a comprenderlo. La primera actitud supone una pérdida de reflexión; la segunda exige una atención radical. 

La entrega auténtica no es ausencia de conciencia, sino una conciencia suficientemente abierta como para no censurar aquello que descubre.

Quizá por eso algunas de las verdades más importantes de una vida aparecen cuando dejamos de defendernos de ellas. 

Cuando aceptamos sentir plenamente una alegría, una tristeza o un anhelo sin apresurarnos a reducirlos a conceptos manejables.

En una época obsesionada con el control, la entrega puede parecer una forma de debilidad. 

Sin embargo, tal vez requiera más valentía reconocer aquello que nos habita que seguir escondiéndolo detrás de una apariencia de autosuficiencia.

Porque, al final, la honestidad no consiste únicamente en decir la verdad. También consiste en permitir que la verdad de lo que sentimos tenga lugar dentro de nosotros. 

Y pocas cosas son tan honestas como dejar de resistir, aquello que nos conmueve profundamente.

Google news logo
Síguenos en
Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
  • Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.