Que mientras esperaban el reinicio de la sesión para discutir el tema de revocación de mandato, las senadoras morenistas Margarita Valdez y Cecilia Sánchez tenían tarea pendiente y aprovecharon el receso de ocho horas para echarle una leída al libro A la mitad del camino, del presidente Andrés Manuel López Obrador. No las vaya a agarrar fuera de base el beisbolero mandatario o su coordinador.
Que ya veremos qué solución le ofrece Claudia Sheinbaum al alcalde electo de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, quien pidió ayuda a la jefa de Gobierno porque se encontró con un déficit de 83 millones de pesos que dejó la administración saliente, a cargo de Víctor Hugo Romo y al final de Abraham Borden Camacho, pero llama la atención que la mayor parte, 50 millones, corresponde a energía eléctrica y no quiere “andar cargando” ese adeudo.
Que hablando de la jefa de Gobierno, por la mañana se quedó como Ernesto Zedillo, “sin cash”, cuando le pasaron el botecito de la colecta de la Cruz Roja, por lo que el flamante secretario de Gobernación, Adán Augusto López, debió salir al quite y sacó dos billetitos de denominación desconocida, pues tuvo cuidado de cubrirse, y respondió por ambos ante Carmen Lebrija, esposa del presidente de la benemérita institución.
Que ayer fue un día muy movido para la representación de Noruega en México, pues justo cuando dio inicio la negociación política entre la oposición y el gobierno de Nicolás Maduro aquí, del que fungen como mediadores, Ragnhild Imerslund se estrenó como embajadora con un ojo a la presentación de cartas credenciales ante la SRE y otro en el diálogo por Venezuela.
Que todo un emprendimiento criminal constituía la primera célula criminal dedicada a falsificación de placas y tarjetas de circulación, identificada por autoridades de seguridad en CdMx, pues utilizaba redes sociales y aplicaciones de taxi como herramientas para distribuir y ofertar la documentación ilícita por todo el país. Según el área que encabeza Omar García Harfuch, los criminales tenían perfiles de Facebook aleatorios, de hombres y mujeres, que se hacían pasar como gestores para ofrecer los productos que se fabricaban a ritmo de 600 por semana.