Con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, surge una leyenda más de la narcocultura.
La caída del capo marca un antes y un después en la historia del narcotráfico. Su figura pasa a ser de culto para quienes ven en el crimen organizado la vía para llegar a la cima del poder y el dinero… y no son pocos.
El sentido aspiracional; el deseo de ser el protagonista de la historia; el tener a decenas o cientos de personas bajo su mando, son parte del sueño narco. Eso no habla solamente de quienes los ven como ejemplos de vida, sino también de nuestro entorno y sociedad.
Las noticias sobre los cárteles ya no son solamente parte de las páginas rojas de un diario, ya se reproducen en cuentas de X, videos de TikTok, se difunden detalles de estos personajes como si fueran celebridades, dónde vivían, qué comían, con quién andaba, todo se consume con más rapidez de la que se genera. Unos por ocio, otros como manual. Todos atraídos por una curiosidad malsana.
El esplendor del narco no solo encandila en México, traspasa fronteras. En el Festival Coachella, en Estados Unidos, cantan a todo pulmón junto a Peso Pluma que viste Balenciaga; los visitantes demandan los famosos narcotours, con el Miramar en Mazatlán y las cabañas de lujo en Tapalpa; y la literatura sobre el tema se promueve en ferias de libros internacionales que acaparan reflectores ante la fascinación de los extranjeros que ven el narcotráfico como un fenómeno de la cultura mexicana; se hacen narcocorridos y series de televisión que llegan a primeros lugares de popularidad. Todos obtienen una tajada. Lucran a costa de la paz.
Resulta más fácil para las autoridades emprender una campaña contra la apología del delito, que combatir la raíz del problema; implementar operativos llamativos y movilizaciones de corporaciones para presumir capturas en ruedas de prensa, hechos que eventualmente se convierten en objetos de consumo.
Al final, nada cambia. Cae uno, y después otro. Presumen capturas y abatimientos como grandes logros del gobierno. Pero al final, alguien más ocupará ese lugar, y surgirán nuevas canciones, producciones televisivas e historias que los levantarán como leyendas de una narcocultura que no tiene ninguna intención de desaparecer…