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Elegir novio

En China, una mujer de 33 años dedica una hora diaria a conversar con su novio virtual. Ha invertido dinero para desbloquear escenas, diálogos y gestos de afecto programados. 

No afirma que haya reemplazado el amor real, sólo que ya no siente ansiedad por encontrar pareja. 

El personaje digital le ofrece compañía, atención constante y una narrativa donde ella es elegida sin ambigüedades.

¿Merece la pena invertir tiempo y afecto en una relación virtual?

La reacción inmediata oscila entre la burla y la alarma. Se habla de un escape, de inmadurez emocional, de derrota. Pero los hechos son más sobrios. 

Ella trabaja, socializa, no ha renunciado al matrimonio, simplemente ha dejado de correr tras él. 

El juego no la aísla en una habitación oscura. Le ofrece validación sin riesgo de rechazo.

Aquí aparece la primera distinción necesaria. No es lo mismo sustituir la realidad que administrar la ansiedad. 

En contextos donde las jornadas laborales son extensas, las expectativas familiares pesan y la vida afectiva se convierte en un mercado competitivo, la tecnología es una opción que ofrece un control parcial. 

El algoritmo responde siempre. No hay silencios incómodos ni citas fallidas.

Sin embargo, el consuelo programado tiene un límite. Un personaje diseñado para agradar produce una experiencia limitada. 

El afecto digital puede aliviar, pero difícilmente educa en el cuidado recíproco. 

La pregunta no es si la emoción es real —lo es— sino si esa emoción prepara o posterga el encuentro con otro que no esté programado para gustar.

También sería simplista reducir el fenómeno a debilidad individual. Cuando una generación encuentra en la pantalla un refugio afectivo, algo en la estructura social merece revisión. 

La presión por cumplir itinerarios vitales rígidos convierte el amor en examen.

La decisión de esta mujer no es frívola. Es una forma de negociar con su tiempo, su deseo y su entorno. 

Puede convertirse en anestesia o en pausa estratégica. La diferencia no la determina la tecnología, sino la conciencia con que se usa.

Pensar este fenómeno sin moralismos permite ver que no estamos ante una extravagancia digital, sino ante la pregunta de cómo vivir el afecto sin convertirlo en competencia ni delegarlo por completo a una aplicación digital.


@davidperezglobal

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david pérez
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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