Comunidad

Vivir despacito

Durante mucho tiempo me dijeron que era distraído. No como diagnóstico clínico, sino como juicio cotidiano. “Se te olvidó otra vez”, “no estas”, “no te concentras”. 

Yo mismo lo repetí durante años, como si nombrarlo así resolviera algo. Como si bastara con aceptarlo para corregirlo.

Me tardé en entender que no se trataba de una falla en mi atención, sino de una decisión —no siempre consciente— sobre dónde colocarla.

El problema es que muchas veces se mide el valor de las personas por su capacidad de hacer, de producir, de responder rápido y detenerse se vuelve sospechoso. 

Vivir despacio no aparece como una elección, sino como un defecto.

Vivir despacito se ha convertido en una crítica contra la lógica que exige vivir con velocidad. No se trata de que todo deba ser lento, sino de que ya casi nada puede serlo sin ser penalizado.

La hiperactividad no puede ser libertad. Al contrario, parece más una forma sofisticada de sometimiento.

Porque lo que muchas veces ocurre cuando “me voy” no es que deje de atender, sino que atiendo otra cosa. No el exterior inmediato, no la tarea urgente, sino el diálogo interior. 

Una conversación silenciosa que no produce resultados visibles, pero que organiza el sentido de lo que hago —o decido no hacer.

Vivir despacito implica aceptar que no todo el tiempo estoy disponible para el ritmo que se espera de mí. Que hay momentos en los que no respondo, no porque no pueda, sino porque no quiero interrumpir ese otro proceso que también es vida.

Porque vivir despacito no significa hacer menos. Significa, muchas veces, hacer después. O hacer distinto. 

O simplemente decidir no hacer. Y eso, en una lógica donde el hacer constante es sinónimo de valor, se interpreta como falla.

¿Qué pasa si parte de nuestra claridad cotidiana depende precisamente de esos espacios donde no estamos haciendo nada visible?

Vivir despacito no es perder el tiempo. Es simplemente habitar este mundo en otro ritmo. Obvio que hay responsabilidades, tiempos, compromisos. 

No se trata de romantizar la lentitud. Se trata de no reducir toda forma de atención a la velocidad de respuesta.

Quizá la pregunta no es si somos distraídos o no. Sino si todavía somos capaces de decidir, con honestidad, a qué le estamos prestando atención.


@davidperezglobal

Google news logo
Síguenos en
david pérez
  • david pérez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.