El 1 de marzo, Juande, uno de mis hermanos, corrió el maratón que atraviesa tres ciudades de la Comarca Lagunera.
Desde la sala de mi hogar en Tailandia, durante 3 horas, 57 minutos y 10 segundos, seguí su recorrido mediante la aplicación oficial de la competencia.
Dos semanas después de cumplir el sueño de correr su primer maratón, a los 37 años, mi hermano me visitó en Bangkok.
Junto a las botellas de mezcal y las bolsas de maseca, me trajo también un libro. Sueño olímpico, escrito por Jorge Cuevas y por el propio atleta olímpico Juan Luis Barrios (2025, Grijalbo).
Mi hermano tuvo el privilegio de conocer a Juan Luis unos días antes de su primer maratón. Allí, el atleta profesional entregó el libro al amateur de alto rendimiento.
El libro, como muchos sueños, recorrió por lo menos la distancia que hay en línea recta entre Torreón y Bangkok, unos 15 mil kilómetros.
Una de las ideas más poderosas que encontré en el libro fue la dimensión colectiva de los sueños.
El protagonista olímpico no está sólo, ni siquiera cuando dialoga con sus pensamientos. Siempre están otras personas, físicamente o soñando junto con él. ¿Cuánto de lo que llamamos “nuestro sueño” en realidad no es nuestro?
Para quienes conocemos poco o nada de la preparación, profesional o amateur, de un atleta, el libro es un mapa hermoso.
Puedes aprender el valor de cada gesto en los entrenamientos y de cada persona en el entorno de un corredor.
Te das cuenta de la importancia de ser parte de un grupo, también para correr, y del papel vital del entrenador.
En el caso de Juan Luis, puedes apreciar lo que cada entrenador aportó a su carrera, de manera especial la figura del profesor Tadeusz Kepka “el científico de la pista”.
Este vínculo —sin el cual no se sostiene— me hizo pensar, con gratitud, en Daniel Ortiz, múltiple ganador de maratones y coach de mi hermano.
El texto nos comparte la ruta de un superatleta y, al mismo tiempo, nos permite reconocer el valor que tiene el sueño de cada persona.
El libro funciona como espejo para preguntarnos cómo construimos nuestros sueños, cómo los elegimos, qué decisiones tomamos para materializarlos y con qué carácter reaccionamos ante las encrucijadas de la vida que nos exigen definirlos.
Este “mapa”, que nos acerca a la historia de Juan Luis y su grupo cercano, nos permite pensar con calma en cómo los accidentes de la vida influyen en los sueños y en que, quizá, una misma persona puede tener varios.
Nos ayuda a revisar cuándo es mejor rendirse y cuándo es necesario seguir con actitud combativa. Haciendo honor a la verdad, el texto reconoce cómo los sueños, a veces, tienen relación con nuestras heridas.
“¿A poco cree usted que el sueño es sólo del que corre?”, pregunta una mujer.
El acto de correr es humanizante porque puede provocar sueños colectivos muy poderosos, al grado de aportar sentido a la vida.
IG: @davidperezglobal