Comunidad

Día de descanso

Llegué a Hong Kong pensando que vería una de las capitales más espectaculares del planeta. Los edificios parecían levantarse desde el agua como si fueran una declaración permanente de poder. 

Al mismo tiempo, en los puentes peatonales apareció otra ciudad. Vi mujeres filipinas sentadas sobre cartones. 

Algunas jugaban cartas. Otras compartían comida. Algunas dormían dentro de pequeñas casas de campaña de plástico. Había risas, termos, ventiladores portátiles, cargadores de celular. Sólo mujeres.

Son trabajadoras del hogar. Mujeres que cuidan niños, limpian departamentos, cocinan, acompañan ancianos y sostienen la vida cotidiana de familias. 

Viven en la casa donde trabajan. En su único día libre deben abandonar temporalmente el lugar donde laboran si es que realmente quieren descansar.

Hong Kong tiene alrededor de 370 mil trabajadoras domésticas migrantes, la mayoría provenientes de Filipinas e Indonesia. 

Diversos reportes periodísticos y estudios académicos han documentado cómo la política obligatoria de “live-in” las fuerza a vivir dentro de la casa de sus empleadores, muchas veces en condiciones precarias, sin privacidad y con jornadas que pueden extenderse hasta dieciséis horas diarias.

Cualquier techo público del distrito Central deja de ser un corredor de la economía asiática y se convierten en salas de estar colectivas. Hay registro de esta práctica desde los años ochenta.

Al observar esta escena, involuntaria y directamente, pensé en la idea contemporánea del descanso. 

Hablamos mucho de autocuidado, de bienestar y de equilibrio, pero pocas veces nos preguntamos quién tiene realmente el derecho a descansar con dignidad.

Muchas de esas mujeres pasan años enviando dinero a sus familias. Trabajan durante décadas en Hong Kong sin pertenecer completamente a la ciudad. 

Este tipo de migración forzada es como una vida suspendida en el extranjero.

Mientras en los edificios circula el dinero global, abajo descansaban los cuerpos que permiten que otras personas puedan trabajar, producir y prosperar. Las ciudades suelen presumir sus rascacielos. 

Pero tal vez habría que analizarlas también por la forma en que descansan quienes limpian esos edificios.


ig @davidperezglobal

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